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Tradicion Tolteca


La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.
Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.
La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.
Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.
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Cuando te abandones, cierra tus ojos y mira
lunes, 10 de febrero de 2025
El Tigre del Intento
El tigre comienza muy silenciosamente, uno ni se da cuenta de que está allí. Exhala y abre sus zarpas.
Inhala flexionando las zarpas a los costados del cuerpo, agarrando el suelo con sus patas delanteras. El tigre requiere de una postura poderosa para que nada lo arrastre. El tigre exhala y flexiona las zarpas, moviéndose desde el abdomen.
Inhala flexionando sus zarpas una vez más. Avanza con el brazo y pierna opuestos, moviéndose al unísono. Flexiona sus zarpas con golpes rápidos.
De repente lanza un zarpazo hacia la izquierda. El tigre deja saber a su presa que la muerte está detrás. Asestando un golpe rápido, da otra vuelta.
Las zarpas barren lentamente a través de la línea del horizonte. Y con rapidez, con zarpazos cortos y energéticos. El cuerpo está conectado.
viernes, 6 de diciembre de 2024
Preparar el Intento
Por ejemplo: tal como lo conocen los humanos, árbol es interpretación más que percepción. Para establecer la presencia del árbol, los seres humanos sólo necesitan una mirada superficial que prácticamente no les muestra nada. El resto es el fenómeno que es definido como la llamada del intento, el intento del árbol, es decir, la interpretación de datos sensoriales correspondientes al fenómeno concreto que los humanos denominan árbol. Al igual que en el ejemplo, el mundo de los seres humanos se compone de un repertorio infinito de interpretaciones en las que los sentidos desempeñan una función mínima. En síntesis, el sentido de la vista es el único que roza la afluencia de energía que discurre por el universo y sólo lo hace de modo superficial.
Casi toda la actividad perceptiva de los seres humanos es interpretación y los humanos son la clase de organismos que únicamente necesitan una entrada mínima de percepción pura para crear su mundo o que sólo perciben lo suficiente para poner en marcha el sistema de interpretación.
Puesto que el tema de la primera serie de la Tensegridad consiste en preparar a los practicantes para el intento es importante repasar la definición de los chamanes. El intento es el acto tácito de llenar los espacios vacíos dejados por la percepción sensorial directa o enriquecer los fenómenos observables mediante un intento de totalidad que desde la perspectiva de la percepción pura no existe.
Convocar el intento es el acto de intentar la totalidad. El acto de intentar no pertenece a la esfera física. Dicho de otra manera, no forma parte de los elementos materiales del cerebro u otro órgano. El intento trasciende el mundo conocido. Es algo semejante a una ola energética, a un rayo de energía que se adhiere a nosotros.
Dada la naturaleza extrínseca del intento, se distingue entre el cuerpo como parte del conocimiento de la vida cotidiana y el cuerpo en cuanto unidad energética que no se relaciona con dicho conocimiento. La unidad energética incluye las partes del cuerpo que no se ven, como los órganos internos, y la energía que fluye por éstos; y es con dichas partes con las que la energía se percibe directamente.
En virtud del predominio de la vista en nuestro modo habitual de percibir el mundo, los chamanes del antiguo México describieron como ver el acto de percibir directamente la energía. Consideraban que percibirla a medida que fluye por el universo significa que la energía adopta configuraciones generales y específicas que se repiten coherentemente y que cualquiera que vea puede percibirlas en los mismos términos.
El ejemplo más significativo de la coherencia de la energía que adopta configuraciones específicas es la percepción del cuerpo humano cuando se lo ve directamente como energía. Como ya hemos dicho, los chamanes perciben al ser humano como un conglomerado de campos de energía que crean la impresión global de una definida esfera de luminosidad. En este sentido, los chamanes describen la energía como una vibración que se aglutina y forma unidades cohesivas. Dicen que el universo se compone de configuraciones energéticas que el ojo vidente percibe como filamentos o fibras luminosas que se entrecruzan sin enredarse. Para el pensamiento lineal se trata de un planteamiento incomprensible y contiene una contradicción irresoluble: ¿cómo es posible que las fibras se entrecrucen sin enredarse.
Los chamanes describían sólo los acontecimientos y si sus descripciones parecían inadecuadas y contradictorias se debía a las limitaciones de la sintaxis, ya que eran tan exactas como cabe imaginar.
Los chamanes del antiguo México describían el intento como una fuerza eterna que impregna todo el universo y que es consciente de sí misma hasta el extremo de responder a la llamada o la orden de los chamanes. A través del intento no sólo desplegaron todas las posibilidades humanas de percepción, sino las de la acción. Por medio del intento hicieron realidad las formulaciones más rebuscadas.
El límite de la posibilidad humana se llama la banda del hombre, lo que quiere decir que existe una frontera que delimita las capacidades humanas dictadas por el organismo. Estas fronteras no son los límites del pensamiento organizado, sino los de la totalidad de los recursos que nuestro organismo alberga. Dichos recursos no se utilizan, sino que permanecen en su sitio por las ideas preconcebidas acerca de las limitaciones humanas, limitaciones que nada tienen que ver con el potencial real de los seres humanos.
Puesto que percibir la energía como fluye por el universo no es algo arbitrario o idiosincrásico, los videntes son testigos de formulaciones de energía que suceden espontáneamente y no están modeladas por la intervención humana. Así, en y por sí misma, la percepción de estas formulaciones es la clave que libera el potencial humano cerrado que casi nunca entra en juego. Para alcanzar la percepción de estas formulaciones energéticas hay que recabar la totalidad de las capacidades perceptivas de los seres humanos. La serie para preparar el intento se divide en cuatro grupos: el primero se denomina aplastar energía para el intento; el segundo, agitar energía para el intento; el tercero, acumular energía para el intento y el cuarto, aspirar la energía del intento.
sábado, 30 de noviembre de 2024
Aspirar la Energía del Intento
4to. Grupo de la Serie para Preparar el Intento
Puesto que están coordinados con la respiración, se aconseja a los practicantes de estos pases mágicos que las inhalaciones y las exhalaciones sean lentas y profundas y que tengan el intento absolutamente claro de que las glándulas suprarrenales reciban un estímulo instantáneo mientras se respira hondo.
1. Arrastrar energía desde las rótulas por la parte anterior de los muslos
Se inhala profundamente mientras los brazos cuelgan a los lados del cuerpo y las manos se sacuden con un temblor constante, como si se agitara una materia gaseosa.
La exhalación comienza cuando se elevan las manos hasta la cintura y simultáneamente y con mucha fuerza las palmas golpean los lados del cuerpo.
Como los brazos apenas están curvados, las palmas se encuentran pocos centímetros por debajo del vientre. Se separan las manos unos diez centímetros, manteniéndolas en un ángulo de noventa grados en relación con los antebrazos, con los dedos señalando hacia delante.
Lentamente y sin tocarse las manos trazan un círculo interior hacia la parte anterior del cuerpo y los músculos de los brazos; el estómago y las piernas permanecen totalmente contraídos.
Se dibuja otro círculo de la misma manera y se exhala con los dientes apretados.
Se inhala profundamente expulsando lentamente el aire a medida que se trazan otros tres círculos interiores en la parte anterior del cuerpo.



Se vuelven a poner las manos delante de las caderas y se deslizan por la parte anterior de los muslos hasta las rótulas, apoyándose en las eminencias de las palmas con los dedos ligeramente inclinados hacia arriba.
Se exhala hasta la última gota de aire.
Se realiza una tercera inhalación profunda mientras con las yemas de los dedos se presiona la parte inferior de las rótulas.
Alineada con la columna vertebral, la cabeza debe mirar hacia abajo.
Extendiendo las rodillas dobladas, se agarrotan los dedos y se arrastran las manos por los muslos hasta las caderas al tiempo que se exhala lentamente.
En el último momento de la exhalación las manos rozan los respectivos centros de vitalidad del páncreas y el hígado.
2. Arrastrar energía desde los lados de las piernas
Se inhala profundamente mientras, con un temblor continuo, se sacuden las manos a los lados del cuerpo. Se golpea exactamente igual que en el pase mágico anterior.
La exhalación comienza mientras las manos trazan dos pequeños círculos hacia fuera a los lados del cuerpo.
Se tensan al máximo los músculos de los brazos, el estómago y las piernas, y los codos se mantienen firmes y ligeramente curvados.
Una vez dibujados los dos círculos, se exhala y se respira hondo.
Se trazan otros tres círculos hacia fuera exhalando lentamente. Las manos se colocan a los lados de las caderas. Se levantan un poco los dedos mientras las eminencias de las palmas rozan los lados de las piernas hasta que los dedos tocan las protuberancias externas de los tobillos.



Alineada con el cuerpo, la cabeza mira hacia abajo.
La exhalación concluye y se respira hondo mientras los dedos índice y corazón presionan la parte inferior de las protuberancias de los tobillos.
Se inicia una lenta exhalación mientras, con los dedos agarrotados, las manos suben por los lados de las piernas hasta las caderas. La exhalación concluye cuando las palmas de las manos frotan los respectivos centros de vitalidad.
3. Arrastrar energía por la parte delantera de las piernas
Se respira hondo mientras se sacuden las manos a los lados del cuerpo.
Los brazos trazan sendos círculos a los lados del cuerpo, comienzan hacia atrás, pasan por encima de la cabeza y golpean con ímpetu delante del cuerpo, con las palmas hacia abajo y los dedos señalando hacia delante.
Se inicia una lenta exhalación mientras las manos, comenzando por la izquierda, avanzan y retroceden tres veces de manera alterna, como si se deslizaran sobre una superficie lisa.
La exhalación concluye cuando las eminencias de las palmas tocan la caja torácica.


Se respira hondo y se desliza la mano izquierda hacia este lado y, a continuación, la otra hacia la derecha; la secuencia se ejecuta tres veces de manera alterna.
Se acaba con las eminencias de las palmas junto a la caja torácica, al tiempo que los pulgares casi se tocan.
Las manos se deslizan por la parte anterior de las piernas hasta llegar a los tendones de los tobillos. Aquí concluye la exhalación.


Se respira hondo y se tensa el tendón elevando el dedo gordo del pie hasta que se tenga la sensación de que el tendón está a punto de estallar; los dedos índice y corazón de cada mano presionan los tendones y los hacen vibrar.
Los dedos se agarrotan y las manos suben por la parte anterior de las piernas hasta las caderas mientras se expulsa el aire lentamente.
Las palmas frotan con suavidad los centros de vitalidad a medida que la exhalación concluye.
lunes, 25 de noviembre de 2024
El Andén de la Eternidad
Una actividad especialmente diseñada para desterrar de nuestras vidas todo vestigio de cotidianidad es la técnica denominada “no-hacer”. El “no-hacer” es el ejercicio favorito de los aprendices de brujos, porque les introduce en un ámbito de maravilla y desconcierto muy refrescante para la energía, a cuyo efecto sobre la conciencia se le denomina "parar el mundo".
El “no-hacer” no se puede razonar. Cualquier esfuerzo encaminado a comprenderlo, en realidad es una interpretación de la enseñanza y se cae automáticamente en el campo del hacer.
La premisa de los brujos para tratar con este tipo de prácticas es el silencio interior, y la calidad de silencio requerida para algo tan descomunal como “parar el mundo”, sólo puede venir de un contacto directo con la gran verdad de nuestra existencia: que todos vamos a morir.
Conocerse a uno mismo, siendo conscientes de nuestra muerte personal, no es negociable, es lo único que de veras tenemos. Todo lo demás podrá fallar, pero la muerte no, a ella podemos darla por segura. Aprendamos a usarla para producir efectos verdaderos en la vida.
Los seres humanos deberían dejar de creer en cuentos chinos, ¡nadie nos va a salvar! Ninguno de nosotros es tan importante como para que hayan inventado algo tan fantástico como la inmortalidad. Un brujo que cuenta con su humildad sabe que su destino es el de cualquier otro ser vivo de la tierra. Así que, en lugar de ilusionarse con falsas esperanzas, trabaja concreta y duramente para salir de su condición humana y acogerse a la única salida que tenemos: la ruptura de nuestra barrera perceptual. Al mismo tiempo que escuchan el consejo de la muerte, háganse responsables de sus vidas, de la totalidad de sus acciones. Explórense, reconózcanse y vivan intensamente. La intensidad es lo único que puede salvarnos del aburrimiento.
Una vez alineados con su muerte estarán en condiciones de dar el siguiente paso: reducir al mínimo el equipaje. Este es un mundo-prisión y hay que salir como fugitivos, sin llevar nada. Los seres humanos somos viajeros por naturaleza. Volar y conocer otros horizontes es nuestro destino ¿Acaso te vas de viaje con tu cama o con la mesa en que comes? ¡Sintetiza tu vida!
El poder que nos rige nos ha dado a elegir. O pasamos la vida merodeando en torno a nuestros hábitos, o nos animamos a conocer otros mundos. Sólo la conciencia de la muerte puede darnos la sacudida necesaria.
La persona común pasa su existencia entera sin detenerse a reflexionar, porque piensa que la muerte está al final de la vida; al fin y al cabo, ¡siempre tendremos tiempo para ella! Pero un guerrero ha descubierto que eso no es cierto. La muerte vive a un costado, a un brazo de distancia, permanentemente alerta, mirándonos, dispuesta a saltar a la menor provocación. El guerrero convierte su miedo animal a la extinción en una oportunidad de gozo, pues sabe que todo lo que tiene es este momento. Piensen como guerreros, ¡todos vamos a morir!
Los humanos tenemos una visión egocéntrica y extremadamente simplista del universo. Jamás nos detenemos a considerar nuestro destino como seres transitorios. Sin embargo, la obsesión por el futuro nos delata.
No importa la sinceridad o el cinismo de nuestras convicciones, en el fondo, todos sabemos qué es lo que va a pasar. Por eso dejamos señales. Construimos pirámides, rascacielos, hacemos hijos, escribimos libros o, por lo menos, dibujamos nuestras iniciales en la corteza de un árbol. Detrás de ese impulso subconsciente está el temor ancestral, la convicción callada de la muerte.
Pero hay un grupo humano que logró encarar ese temor. A diferencia del hombre común, los brujos están ávidos de cualquier situación que les lleve más allá de la interpretación social. ¿Qué mejor oportunidad que su propia extinción? Gracias a sus frecuentes incursiones por lo desconocido, ellos saben que la muerte no es natural, es mágica. Las cosas naturales están sujetas a leyes, la muerte no. Morir es siempre un suceso personal, y por esa sola causa, es un acto de poder.
La muerte es el pórtico del infinito. Una puerta hecha a la medida de cada uno de nosotros, que cruzaremos un día de vuelta al origen. Nuestra falta de comprensión nos impele a verla como el reductor común. Pero no, no hay nada de común en ella; todo a su paso se torna extraordinario. Su sola presencia da poder a la vida, concentra los sentidos.
Nuestras existencias están hechas de hábitos. Al nacer, ya estamos programados como especie, y la cualidad de la época se encarga de estrechar aun más ese programa al conducirnos hacia lo que la sociedad espera de nosotros. Pero nadie puede morir como rutina, porque la muerte es mágica. Ella te hace saber que es tu inseparable consejera y te dice: “Sé impecable; la única opción es ser impecable".
Un guerrero no es negativo, no busca el fin. Pero ellos saben que lo que le da valor a la vida es tener un objetivo por el cual morir. El futuro es imprevisible e inevitable. Algún día ya no vas a estar aquí, así que ya te fuiste. ¿Sabes que probablemente el árbol de tu ataúd ya fue talado? Tanto para el guerrero como para el hombre común la urgencia de vivir es la misma, porque ninguno de los dos sabe cuándo se acabarán sus pasos.
¡La muerte no es un juego, es de veras! Si no fuera por ella no habría fuerza alguna en lo que hacen un guerrero. Ella te involucra personalmente, quieras o no. Tú puedes ser tan cínico como para descartar otros tópicos de la enseñanza, pero no puedes burlarte de tu fin, porque está más allá de tu decisión y es implacable.
Todos estamos ahí, esperando en el andén de la eternidad, pero no todos lo sabemos. La conciencia de la muerte es un arte mayor. Cuando un guerrero pone en jaque a sus rutinas, cuando ya no le importa estar acompañado o estar solo, porque ha escuchado el susurro silencioso del espíritu, entonces se puede decir que, verdaderamente, ha muerto. A partir de ahí, aun las cosas más simples de la vida se vuelven para él extraordinarias. Por eso un guerrero aprende a vivir de nuevo. Saborea cada momento como si fuera el último. No se consume en disgustos ni tira su energía. No espera a ponerse viejo para reflexionar sobre los misterios del mundo. Se adelanta, explora, conoce y se maravilla.
Si quieres hacer espacio a lo desconocido, dale entrada a tu extinción personal. Acepta tu destino como el hecho inevitable que es. Purifica ese sentimiento, haciéndote responsable por el increíble suceso de estar vivo. No le supliques a la muerte, ella no es condescendiente con quienes claudican. Invócala, consciente de que viniste a este mundo para conocerla. Desafíala, aun sabiendo que, hagas cuanto hagas, no tienes la menor posibilidad de vencerla.
lunes, 11 de noviembre de 2024
Acumular Energía para el Intento - 3er. Grupo
Los nueve pases mágicos del tercer grupo se utilizan para trasladar a los tres centros de vitalidad, situados alrededor del hígado, el páncreas y los riñones, la energía específica agitada por los pases mágicos del grupo anterior. Los pases mágicos del tercer grupo deben practicarse despacio y con gran determinación. Los chamanes aconsejan que, al ejecutar estos pases, se adopte un estado de ánimo de silencio absoluto y de intento inquebrantable a fin de acumular la energía necesaria para intentar.
Todos los pases mágicos del tercer grupo comienzan por una rápida sacudida de las manos, situadas a los lados del cuerpo, mientras los brazos cuelgan en posición normal. Las manos se agitan como si, presas de un temblor, los dedos vibraran hacia abajo. Los chamanes consideran que la vibración de estas características es el modo de agitar la energía de las caderas y de estimular diminutos centros de energía situados en los dorsos de las manos y las muñecas, puntos donde la energía pude estancarse.
El efecto general de los tres primeros pases mágicos de este grupo es de vitalidad y bienestar globales, ya que la energía se traslada a los tres centros de vitalidad más importantes de la parte inferior del cuerpo.
1. Alcanzar la energía agitada debajo de las rodillas
Se da un pequeño salto hacia delante con la pierna izquierda, impulsada por la derecha.
El tronco se inclina marcadamente y se estira el brazo izquierdo para aferrar algo que casi se encuentra en el suelo.
La pierna izquierda se pone en posición de pie y con la palma izquierda se roza inmediatamente el centro energético vital de la izquierda: el páncreas y el bazo.
Se repite el mismo movimiento con la pierna y el brazo derechos rozando con la palma de la mano el centro vital de la derecha: el hígado y la vesícula biliar.
2. Transportar la energía delantera hasta las glándulas suprarrenales
Se respira hondo mientras se sacuden las manos.
Se extiende enérgicamente el brazo izquierdo por delante del cuerpo, a la altura de los hombros, con la palma mirando a la izquierda, mientras se exhala.
Después se inicia una lenta inhalación mientras la muñeca gira de izquierda a derecha y traza un círculo completo, como si recogiera una pelota sólida. La inhalación continúa mientras la muñeca vuelve a girar y recupera la posición inicial, con la palma mirando a la izquierda.
El brazo izquierdo traza un semicírculo a la altura del hombro, como si acarreara la pelota; el movimiento termina cuando el dorso de la mano con la muñeca curvada se apoya en el riñón izquierdo.
Es importante que la inhalación dure lo mismo que el balanceo del brazo desde la parte anterior hasta la parte posterior del cuerpo.
A medida que se ejecuta el balanceo, el brazo derecho traza un movimiento circular por delante del cuerpo, movimiento que termina cuando el dorso de la mano con la muñeca curvada toca la zona situada encima del pubis.
Se tuerce la cabeza a la izquierda para mirar hacia atrás. A continuación, la mano izquierda, la que sostiene la pelota, gira hasta que la palma mira hacia el cuerpo y golpea con la pelota el riñón y la glándula suprarrenal del lado izquierdo. La palma frota suavemente la zona mientras se exhala.
Se ejecuta el mismo movimiento cambiando de brazos y girando la cabeza hacia la derecha.
3. Recoger energía de la izquierda y la derecha
Se respira hondo mientras los brazos se desplazan a los lados del cuerpo y se elevan, con las manos curvadas hacia dentro, rozando el torso hasta llegar a las axilas.
Se extienden los brazos a los lados, con las palmas hacia el suelo, exhalando vigorosamente.
Se respira hondo mientras se ahuecan las manos y se giran las muñecas para que las palmas miren hacia arriba, como si se recogiese algo sólido.
Se colocan las manos a la altura de los hombros doblando decididamente los codos mientras se sigue inhalando.
Este movimiento pone en juego los omóplatos y los músculos del cuello. Se mantiene la posición unos segundos, con los brazos lateramente extendidos y se exhala todo el aire.
Las palmas miran hacia delante. Se las ahueca y se giran hacia atrás, como si se recogiera algo sólido. Se vuelven a colocar las manos apenas ahuecadas a la altura de los hombros, repitiendo los movimientos otra vez, hasta un total de tres.
Por último, mientras se exhala se frota delicadamente con las palmas los dos centros vitales del hígado y el páncreas.
4. Romper el círculo de energía
Se traza un círculo desplazando el brazo izquierdo hasta el hombro derecho, llevándolo por la parte delantera del cuerpo hasta la posterior y volviendo a dibujarlo hasta delante de la cara.
El movimiento del brazo izquierdo se coordina con el mismo realizado por el derecho. Se mueven alternativamente los brazos creando un círculo inclinado alrededor de todo el cuerpo. Se da un paso hacia tras a la izquierda con el pie derecho, seguido de un paso a la derecha con el pie izquierdo, como si quisiera uno girar y mirar en la dirección contraria.
Se arquea el brazo izquierdo alrededor de la izquierda del círculo, como si éste fuera un objeto sólido que el brazo aprieta entre la axila y el pecho.
El brazo derecho ejecuta el mismo movimiento por este lado y también traza un círculo como si fuera un objeto sólido. Se respira hondo y se parte el círculo por ambos lados tensando el cuerpo, sobre todo los brazos, que se acerca simultáneamente al pecho.
5. Recoger energía de la parte anterior del cuerpo, por encima de la cabeza
Se respira hondo mientras se agitan las manos. Se cierran los puños, cruzándolos en forma de X, y se levantan los brazos hasta la cara, el izquierdo más cerca de ésta y con el interior de los puños mirando hacia dentro.
Se extienden unos centímetros los brazos hacia delante mientras se giran las muñecas para que las palmas miren hacia abajo. En esta posición el hombro y el omóplato izquierdo se extienden hacia delante y comienza la exhalación. El hombro izquierdo retrocede cuando avanza el derecho. Se elevan los brazos cruzados por encima de la cabeza y se concluye la exhalación.
Se inhala lenta y profundamente mientras los brazos cruzados trazan un círculo completo: se desplazan a la derecha por la parte anterior del cuerpo, casi hasta la altura de las rodillas; luego giran a la izquierda y retornan a la posición inicial encima de la cabeza. Se separan vigorosamente los brazos a medida que se inicia una larga exhalación.
A partir de este punto los brazos retroceden tanto como sea posible, sin dejar de expulsar el aire, trazando un círculo que se cierra cuando los puños vuelven a quedar delante, a la altura de los ojos, con las palmas enfrentadas a la cara.
Se cruzan una vez más los brazos. Las muñecas giran una sobre otra al tiempo que se abren las manos y las apoya en el cuerpo, la derecha en la zona del páncreas y el bazo y la izquierda sobre el hígado y la vesícula biliar.
Se inclina el cuerpo desde la cintura formando un ángulo de noventa grados a la vez que la exhalación concluye.
Mientras se exhala, las palmas frotan con suavidad los respectivos centros de vitalidad de la zona anterior del cuerpo.
Este pase mágico cumple dos funciones. En primer lugar, agita energía existente alrededor de los omóplatos y la traslada a un sitio situada sobre la cabeza. A partir de aquí permite que la energía ruede trazando un amplio círculo que roza los bordes de la esfera luminosa. En segundo lugar, mezcla la energía de la izquierda y la derecha, pues la deposita en los dos centros de vitalidad del páncreas y el hígado al apoyar cada mano en el centro contrario.
Este modo de mezclar la energía provoca una sacudida de gran magnitud en los respectivos centros de vitalidad. A medida que los practicantes se vuelven más duchos, la sacudida se agudiza y adquiere la calidad de un filtro de energía, afirmación que resulta incomprensible hasta que se ejecuta este pase. La sensación que produce puede compararse con la de respirar aire mentolado.
6. Agitar y aferrar energía por debajo de las rodillas y por encima de la cabeza
Se inhala mientras se sacuden las manos. Se suben por los lados del cuerpo hasta la cintura, manteniéndolas relajadas. Se doblan las rodillas mientras la mano izquierda desciende con la muñeca girada para que la palma mire hacia fuera, como si se quisiera sujetar un cubo lleno de líquido.
El movimiento se ejecuta al tiempo que con la misma fuerza se levanta la mano derecha por encima de la cabeza y se gira la muñeca para que la palma también mire hacia fuera.
Se inicia una exhalación lenta en cuanto los brazos alcanzan la máxima extensión. Las muñecas recuperan con ímpetu la posición inicial al tiempo que los puños se cierran como si se quisiera aferrar algo sólido. La exhalación prosigue con los puños cerrados a la vez que el brazo derecho desciende y el izquierdo, con mucha lentitud y fuerza, sube hasta la altura de la cintura, como si vadeara un líquido denso.
Se frotan suavemente con las palmas las zonas del hígado y la vesícula biliar y del páncreas y el bazo. Las rodillas se enderezan y concluye la exhalación.
El mismo movimiento se ejecuta cambiando de brazo: el derecho baja a la vez que el izquierdo sube.
La energía para intentar, que en este pase mágico se obtiene por debajo de las rodillas y por encima de la cabeza, también puede restregarse por los riñones.
7. Mezclar energía de la izquierda y de la derecha
Se inhala mientras se sacuden las manos. Se estira diagonalmente el brazo izquierdo hasta el extremo derecho, por encima de la cabeza y alineado con el hombro de este lado, mientras se inicia la exhalación.
Se cierra la mano como si se aferrase un puñado de materia y, tirando de él, se lo situara por encima de la cabeza, alineada con el hombro de ese lado, punto donde termina la exhalación.
La mano sigue cerrada y se inhala con fuerza girando el brazo izquierdo hacia atrás para trazar un círculo completo, que termina con el puño cerrado a la altura de los ojos. Lentamente, pero con mucho ímpetu, el puño desciende al centro vital del páncreas mientras se exhala y la palma de la mano frota con suavidad la zona.
Se repite el mismo movimiento con el brazo derecho que, en lugar de trazar un círculo hacia tras, lo dibuja hacia delante.
Los chamanes creen que la energía de uno y otro lado del cuerpo es distinta. Representan la de la izquierda como ondulatoria y consideran circular la de la derecha.
Este pase mágico se utiliza para aplicar energía circular a la izquierda y energía ondulatoria a la derecha a fin de reforzar los centros de vitalidad del hígado y el páncreas mediante entradas de energía ligeramente distintas.
8. Aferrar energía por encima de la cabeza y trasladarla a dos centros vitales
Desde la oreja, el brazo izquierdo traza dos círculos y luego se estira sobre la cabeza, como si quisiera aferrar algo.
Se respira hondo mientras se ejecuta este movimiento, que concluye cuando la mano se eleva para asir algo situado encima de la cabeza.
Es aconsejable que, mediante una rápida mirada hacia arriba, los ojos seleccionen el blanco. Lo que se elige y se aferra debe bajarse con ímpetu y colocarse sobre el centro vital del páncreas y el bazo. En este punto se exhala.
Se realiza el mismo movimiento con el brazo derecho, colocando la energía sobre el centro que corresponde al hígado y la vesícula biliar.
Según los chamanes, la energía del intento gravita hacia abajo y otro aspecto más enrarecido de la misma energía persiste en la zona de encima de la cabeza. Dicha energía se recoge con este pase mágico.
9. Alcanzar la energía de encima de la cabeza
Se levanta el brazo izquierdo tanto como se pueda, con la mano abierta como si se quisiera aferrar algo. Simultáneamente el cuerpo se impulsa hacia arriba con la pierna derecha.
Cuando el salto alcanza la máxima altura, se gira la mano hacia dentro desde la muñeca formando un gancho con el antebrazo, que desciende y se recoge lentamente pero con ímpetu. La mano izquierda debe frotar enseguida el centro vital del páncreas y el bazo.
El movimiento se ejecuta con el brazo derecho exactamente de la misma manera que con el izquierdo. La mano derecha debe frotar enseguida el centro vital del hígado y la vesícula biliar.
Los chamanes están convencidos de que la energía almacenada en la periferia de la esfera luminosa que somos los seres humanos se agita y se acumula saltando enérgicamente. Este pase mágico ayuda a aliviar los problemas que provoca concentrarse muchas horas en una misma tarea.
domingo, 10 de noviembre de 2024
Intento: una Fuerza Inconmensurable e Indescriptible del Universo
El vínculo que conecta al hombre corriente con el intento está prácticamente muerto; así que un guerrero parte de un vínculo que es inútil, puesto que no responde voluntariamente. A fin de revivir ese vínculo, los guerreros necesitan un propósito riguroso y fiero, un estado especial de la mente llamado intento inflexible.
La impecabilidad comienza con un solo acto, que tiene que ser premeditado, preciso y sostenido. Si este acto se repite durante el tiempo suficiente, uno adquiere un sentido de intento inflexible que puede aplicarse a cualquier cosa. Si esto se logra, el camino queda despejado. Así, una cosa lleva a la otra hasta que al fin el guerrero desarrolla todo su potencial.
El intento no es un pensamiento, ni un objeto, ni un deseo. El intento es lo que puede hacer triunfar a un hombre cuando sus pensamientos le dicen que está derrotado. Actúa aun a pesar de que el guerrero se haya entregado. El intento es lo que lo hace invulnerable. El intento es lo que envía a un chamán a través de una pared, a través del espacio, al infinito.
Cualquiera que muestre el más leve interés por el mundo de los chamanes de la antigüedad es inmediatamente atraído al círculo de su afiladísimo intento.
Los seres humanos son perceptores, pero el mundo que perciben es una ilusión: una ilusión creada por la descripción que les contaron desde el momento mismo en que nacieron.
Así pues, el mundo que su razón quiere sostener es, en esencia, un mundo creado por una descripción que tiene reglas dogmáticas e inviolables, reglas que su razón aprende a aceptar y a defender.
La ventaja oculta de los seres luminosos es que tienen algo que nunca se utiliza: el intento. La maniobra de los chamanes es la misma que la del hombre corriente. Ambos tienen una descripción del mundo. El hombre corriente la sostiene con su razón; el chamán, con su intento. Ambas descripciones tienen sus reglas; pero la ventaja del chamán es que el intento abarca más que la razón.
El conocimiento silencioso no es sino el contacto directo con el intento.