Recapitular consiste básicamente en recordar, para liberar, todos los actos realizados desde la concepción que han tenido gasto energético, tanto para nosotros como para las personas y el entorno con el que nos hayamos relacionado.
El recuerdo de todos estos actos los recapitula el cuerpo en colaboración con el intento de la mente consciente.
La recapitulación es un acto natural. Todos los seres humanos, lo realizan antes de morir. De hecho, es el último acto que los seres vivientes realizan, justo antes de la desintegración de la individualidad que es la muerte
La recapitulación es la recuperación corporal de toda experiencia pasada. Somos porque recordamos. Es nuestra capacidad de asociar y recordar lo que nos da un sentido de identidad individual y continuidad. Es natural que en el momento previo a dejar de ser, recordemos todo aquello que nos permitió ubicarnos como nosotros mismos, a lo largo de nuestra vida. Ese repaso vivencial es la recapitulación.
Para que dejen de afectarnos las cosas mundanas, uno de los primeros pasos consiste en recapitular la vida completa. Cada persona ha de llevar a cabo su propia recapitulación y puede variar la metodología de unas a otras, aunque básicamente sea lo mismo.
La recapitulación que hagamos tiene que ser aceptada por el Poder que nos ha dado la consciencia de ser, y de esta manera podríamos alcanzar la libertad de nuestro espíritu encadenado al mundo de los sentidos, de las formas, del tiempo y de lo perecedero.
La recapitulación es un acto de observación de nuestros hábitos y comportamientos más comunes; primero los que nos causan mayor conflicto interior, para pasar después a los que consideramos beneficiosos para nosotros. La persona que recapitula estaría más allá de los juicios del bien y del mal.
El Estallido de la Conciencia
Una vez que el cuerpo ha completado su recapitulación final, se produce un estallido de la conciencia total, que dura únicamente el instante previo a la muerte definitiva.
Por medio de la recapitulación o en el momento de morir, somos consciencia pura. Ahora bien, ¿porqué esperar al momento de morir para realizar la recapitulación? ¿Porqué no recapitular antes y aprovechar esa superconciencia para engrandecer la vida?
La recapitulación como medio de liberación y desarrollo de la conciencia tiene un valor universal; sencillamente porque todos vamos a recapitular de una u otra manera. Los efectos de la recapitulación son demasiados contundentes como para dejarlos de lado.
El Recuerdo del Cuerpo
Recapitular no es recordar. Cuando recordamos, es nuestro ego el que recuerda por medio del diálogo interno, al que añadimos imágenes. En cambio, es el cuerpo el que recuerda y lo hace sintiendo, liberando las emociones que tiene almacenadas, a lo que llamamos recapitulación
La mayor parte de la gente tiene un gran apego por su pasado, y esto es muy natural si se tiene en cuenta que el pasado es el soporte básico con que el ego se justifica a sí mismo. El pasado determina lo que somos y por él nos sentimos justificados a seguir comportándonos como lo hacemos normalmente, aunque sepamos que no nos hace ningún bien.
Pasamos la mayor parte del tiempo recordando el pasado, aunque no recordamos hechos sino interpretaciones. No somos capaces de saber lo que realmente hemos hecho y nos ha pasado porque estamos demasiado ocupados en repetirnos una historia mítica que el ego ha desarrollado para justificarse a sí mismo, es su intento por dotarse de sustancia. No obstante, tenemos una memoria escondida en la conciencia que no tiene nada que ver con las interpretaciones del ego, y es posible llegar a ella.
La recapitulación es un fenómeno corporal que tiene lugar en la totalidad de nuestro Ser que recuerda, liberando sensiblemente las emociones implicadas en los acontecimientos que se recapitulan. La información que surge, generalmente no concuerda con la información que nuestra memoria ordinaria nos aporta de nuestra propia existencia.
A veces, cuando se habla de recapitulación, la gente lo confunde con el psicoanálisis. La recapitulación y el psicoanálisis son prácticas completamente distintas. La recapitulación es liberar emociones de vivencias, mientras que el psicoanálisis es pensar y hablar de un discurso que hemos elaborado y al que llamamos pasado. Resultado: un paciente que después de años sigue siendo paciente, sólo que ahora, a pesar de seguir padeciendo sus mismas miserias existenciales, es capaz de explicar con toda precisión la causa de sus problemas; aunque siga siendo incapaz de resolverlos, incapaz de cambiar.
Hemos de tener claro que recapitular no es recordar y que es nuestro cuerpo y no nuestra mente la que lo lleva a cabo, entonces podemos hablar de los efectos de la recapitulación. Podemos hablar de la conciencia, de la liberación personal y del incremento de energía.
Las Cadenas del Pasado¿Porqué ocuparse del pasado cuando lo que realmente importa es el presente? ¿No se insiste en que es mejor vivir aquí y ahora?
La recapitulación no se ocupa de un pasado que ocurrió y se fue, sino que sigue vigente en el momento actual, es un proceso que se encuentra ahora y que está determinando todo cuanto somos y hacemos, nuestra manera de pensar, las cosas que nos son fáciles y las que nos son imposibles, nuestra debilidad y nuestra fortaleza, la gente que nos atrae y la que evitamos, nuestro modo de vestir, nuestro modo de amar y experimentar afectos, en fin, todas esas características que quedan comprendidas en "lo que soy" y "la forma en que vivo".
Aquí y ahora cada persona está atada a otras personas, a un sinnúmero de lugares, objetos y situaciones que no se ven a simple vista. Todas esas ataduras son filamentos de nuestra propia luminosidad que vamos dejando enganchados a lo largo de nuestra vida. Por eso, cuando queremos movernos, cambiar o emprender algo nuevo, no podemos. Arrastramos todos esos filamentos enganchados como un enorme peso que nos mantiene en nuestro viejo modo de vivir y nuestras viejas rutinas. Cambian las personas, pero los acontecimientos se repiten una y otra vez.
La recapitulación es, por tanto, una puerta de liberación; ya que nos hace capaces de percatarnos que el ego es realmente una descripción que hemos elaborado en etapas pasadas y que no es tan real ni tan definitivo, como siempre creímos.
Eso significa que somos capaces de cambiar, que no estamos condenados por esa burda absurda a la que llamamos pasado.
Puedes elegir cómo ser y cómo vivir. Puedes abandonar la repetición y el aburrimiento para elegir en su lugar la magia, el asombro y la alegría.
Tapando Hoyos Negros
El efecto más importante de la recapitulación es el incremento de nuestra propia energía. A lo largo de nuestra vida, en múltiples interacciones que tenemos con otros seres humanos, experimentamos momentos dolorosos en que perdemos porciones completas de nuestra luminosidad.
Particularmente en las situaciones en las que hay un fuerte intercambio emocional, experimentamos gran pérdida de energía, partes completas de nosotros mismos se quedan por el camino.
Después de tales sucesos ya nunca volvemos a sentirnos completos, sentimos que nos falta algo, aunque seamos incapaces de comprender qué. Lo que ocurre es que en nuestra luminosidad se forman "agujeros" que serán a lo largo de la vida puntos por donde se desperdiciará la energía, además de restarnos equilibrio y poder. Esto se expresa en la vida de la gente en la tendencia repetitiva a continuar haciendo las mismas cosas desgastantes que se iniciaron a partir de la vivencia dolorosa de un fuerte intercambio emocional. Uno de los ejemplos más comunes es la separación de los amantes. El que es abandonado siente que pierde una parte de sí mismo. La recapitulación permite la recuperación de la energía perdida a lo largo del camino. Es el medio para tapar los "agujeros" de nuestra luminosidad. Así como dejamos nuestra energía en momentos, lugares, situaciones y personas del pasado en que nos quedamos atados, también otras personas dejaron parte de su ser en nosotros. Nos dejaron su marca y por su marca pueden usurpar nuestro tiempo y espacio; sin importar que estén cerca o lejos, vivos o muertos. Es por ello que en muchas situaciones yo, no soy yo, sino que soy alguien más. Así como perdimos partes de nuestro ser, cargamos partes que nos son ajenas y que nos estorban para vivir con plenitud. El desprendimiento de esos fragmentos incorporados secretamente a nuestro ser se logra también con la recapitulación.
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Invocación a las fuerzas de la Naturaleza
Peticiones al Sol Nuevo
Invocación a las energías elevadas de la Creación
que nos acompañan con su fuerza y protección
Desenergetización de influencias negativas
Invocación al Genio Superior, el verdadero Ser Oculto
en lo más íntimo de nuestra Naturaleza
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Duración 3 h. aprox. Desde las 19 h. a las 22 h.
Fecha: 23 de Diciembre 2009
Lugar: Próximo a Madrid (Madrid) España
Tels. 91 816 41 70 - 680 53 75 56
Cupo Limitado

Las Imágenes y algunos Textos de este Blog, han sido sacados de Internet. Si alguien tiene derechos y quiere que no salgan en este espacio, nos lo hacen saber y serán retirados inmediatamente.
viernes 13 de noviembre de 2009
La Recapitulacion
miércoles 11 de noviembre de 2009
Los Enemigos Naturales del Hombre de Conocimiento
Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.
Uno aprende poquito a poco al comienzo, luego más y más. Lo que se aprende nunca es lo que uno creía.
El conocimiento nunca es lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta comienza a crecer sin misericordia, sin ceder. Entonces su propósito se convierte en un campo de batalla.

Y así llega el primero de sus enemigos naturales: el miedo.
El miedo es un enemigo terrible, traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino esperando y acechando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.
Para superar al miedo, el hombre debe desafiarlo. Aunque esté lleno de miedo no debe detenerse. Esta es la regla. Entonces llega un momento en el que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de sí. Su propósito se fortalece. Aprender ya no es una tarea aterradora. Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural. Esto ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista de repente y rápidamente.
Una vez que un hombre ha conquistado el miedo está libre de él por el resto de su vida, porque ha cambio del miedo ha adquirido claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos y sabe como satisfacerlos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto.
Y así encuentra su segundo enemigo natural: la claridad. Esa claridad de mente tan difícil de obtener, dispersa el miedo pero también ciega.
La claridad fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer todo cuanto se le antoje, porque todo lo ve con claridad. Tiene valor y no se detiene ante nada, pero todo eso es un error, porque es como si viera algo claro pero incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apresurará cuando deba ser paciente o será paciente cuando deba apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.Cuando esto ocurre, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.
Para evitar esta derrota, el hombre debe desafiar su claridad, igual que hiciera antes con el miedo, y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia, y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto ante sus ojos. Así habrá vencido a su segundo enemigo y llegará a una posición en el que nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni una ilusión. No será solamente un punto ante los ojos. Ese será el verdadero poder.
Sabrá entonces que el poder perseguido durante tanto tiempo por fin es suyo. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay a su alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: el poder.
El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y, naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder. Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin dudad perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel y caprichoso.
Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de sí mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.
La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.
Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante años, en medio del miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado realmente a él.
Para vencer a su tercer enemigo, el poder, tiene que desafiarlo con toda intención. Tiene que darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado nunca es suyo en realidad. Debe tenerse a raya en todo momento, manejando con tiento y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.
El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: la vejez.
La vejez es el enemigo más cruel de todos; el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por completo a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.
Si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede ser llamado entonces hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momento de claridad, poder y conocimiento son suficientes.
miércoles 28 de octubre de 2009
El Centro de Decisiones
Para los chamanes que vivieron en el antiguo México y para los del linaje de don Juan el elemento más importante es el centro de decisiones.
Dados los resultados prácticos de sus esfuerzos, los chamanes están convencidos de que en el cuerpo humano existe un punto que responde de la toma de decisiones: el hueco de la V, la zona de la punta del esternón en la base del cuello, donde las clavículas se unen y forman dicha letra.
Se trata de un centro en el que la energía se enrarece hasta volverse enormemente sutil y que almacena una energía específica que a los chamanes les resulta indefinible. Sin embargo, tienen la certeza absoluta de que perciben la presencia y los efectos de dicha energía. Creen que los seres humanos la expulsan muy temprano de dicho centro y que jamás regresa, lo que nos priva de algo que tal vez sea más importante que la suma de la energía de los restantes centros: la capacidad de tomar decisiones.
Los seres humanos son incapaces de tomar decisiones, motivo por el cual han creado el orden social: instituciones gigantescas que asumen la responsabilidad de tomar decisiones. Permiten que estas instituciones gigantescas decidan y se limitan a poner en práctica las decisiones que han tomado en su nombre.
Para los chamanes el hueco de la V en la base del cuello es tan importante que casi nunca lo tocan; cuando lo rozan, se trata de un toque ritual que siempre realiza otra persona con la ayuda de un objeto; utilizan trozos de madera dura muy lijados o huesos limados de animales y el extremo redondeado del hueso para que el objeto tenga el contorno ideal, del mismo tamaño que el hueco del cuello. Hacen presión con el hueso o el trozo de madera para hundir el hueco del cuello. En contadas ocasiones también emplean dichos objetos para automasajearse o practicar lo que denominamos acupresión.
Cada centro energético del cuerpo presenta una concentración de energía. Se trata de una especie de vórtice de energía, como un embudo que, desde la perspectiva del vidente que lo contempla, parece girar en el sentido contrario al de las agujas del reloj. La fortaleza de determinado centro depende de la fuerza de este movimiento. Cuando apenas se mueve, el centro está agotado, vacío de energía.
Los videntes de la antigüedad repararon en la presencia de éstos vórtices cuando escrutaron el cuerpo con el ojo vidente. Experimentaron una gran curiosidad y los cartografiaron.
Podemos decir que el ser humano no es más que un conglomerado de miles de vórtices arremolinados, algunos tan pequeños que parecen un pinchazo de alfiler, lo que no impide que sean importantes. En su mayoría son vórtices de energía y ésta fluye libremente o queda atascada. Existen seis vórtices tan enormes que merecen un tratamiento especial. Son los centros de la vida y la vitalidad. En ellos la energía jamás se atasca, pero a veces la provisión es tan escasa que apenas giran.
Los enormes centros de vitalidad se encuentran en seis zonas del cuerpo.
El primero está situado en la zona del hígado y la vesícula biliar; el segundo, en la del páncreas y el bazo; el tercero, en la de los riñones y las glándulas suprarrenales y, el cuarto, en el hueco de la base del cuello, en la parte anterior del cuerpo. El quinto está en los alrededores de la matriz y el sexto en la coronilla.
El quinto centro, que sólo tienen las mujeres, a veces presenta una energía peculiar que en los videntes produjo la impresión de fluidez. Se trata de una característica que sólo poseen algunas mujeres y que parece servir de filtro natural que elimina influencias superfluas.
El sexto centro, el de la coronilla, no posee un vórtice circular de energía, como los demás, sino un movimiento de péndulo que de algún modo recuerda a los latidos del corazón.
El sexto centro de energía no pertenece al hombre. De alguna manera, los seres humanos están sometidos a su asedio. Dicho centro ha sido tomado por un invasor, por un depredador que no se deja ver. La única forma de vencerlo es fortaleciendo los otros centros.
El centro de la coronilla no fluctúa como los otros centros. Se mueve hacia adelante y hacia atrás, con un desplazamiento repugnante y extraño. En el caso del chamán capaz de vencer la mente, que los videntes llaman instalación foránea, la fluctuación de dicho centro es exactamente igual a la de los restantes.
El cuarto centro tiene una energía peculiar, que aparece ante el vidente como poseedora de una peculiar transparencia, algo que podríamos describir como semejante al agua: la energía es tan fluida que parece líquida.
El aspecto líquido de esta energía es la cualidad filtrante del centro de decisiones propiamente dicho, que selecciona toda la energía que recibe y sólo recoge el aspecto fluido, liquidez que es un elemento uniforme y constante de dicho centro. Los videntes también lo denominan centro acuoso.
La rotación de la energía en el centro de decisiones es la más débil, razón por la cual el ser humano casi nunca decide. Los chamanes ven que, después de realizar determinados pases mágicos, el centro se activa y tomán un montón de decisiones cuando antes ni siquiera eran capaces de dar un paso.
Los chamanes del antiguo México sentían una aversión rayada en la fobia si tenían que tocarse el hueco de la base del cuello. La única forma en que accedían a involucrarse con dicho punto era a través de la práctica de los pases mágicos, que refuerzan dicho centro acercando energía dispersa y, de este modo, despejan las vacilaciones que la dispersión natural de la energía producida por el desgaste de la vida cotidiana provoca cuando se trata de tomar decisiones.
Percibido como un conglomerado de campos de energía, el ser humano es una unidad concreta y hermética a la que no se puede inyectar energía ni de la que ésta escapa. La sensación de recobrar la energía se debe a la redestribución de la energía que anteriormente escapó de dichos centros. Por lo tanto, la energía vuelve a localizarse en los cinco centros de la vida y la vitalidad.
martes 27 de octubre de 2009
Pases Magicos del Centro de Decisiones
1. Trasladar energía al centro de decisiones con un movimiento hacia atrás y hacia adelante de los brazos y las manos con las palmas hacia abajo
Se espira y se extienden los brazos hacia delante en un ángulo de 45°, con las palmas hacia abajo. Se aspira y se vuelven a poner las manos a los lados del pecho, bajo las axilas. Los hombros se levantan para mantener la misma inclinación.
En la segunda fase del movimiento, se extienden los brazos hacia abajo al aspirar y se recogen al espirar.
2. Trasladar energía al centro de decisiones con un movimiento hacia atrás y hacia adelante de los brazos y las manos con las palmas hacia arriba
Este pase mágico se ejecuta de la misma forma que el anterior, pero con las palmas hacia arriba. Las aspiraciones y espiraciones son exactamente iguales a las del movimiento precedente. Se espira cuando los brazos y las manos avanzan con cuarenta y cinco grados de inclinación y se aspira al recoger los brazos. Se toma aire cuando los brazos descienden y se espira al acercarlos al cuerpo.
3. Llevar energía al centro de decisiones con un movimiento circular de los brazos y las manos con las palmas hacia abajo
Este pase mágico se realiza exactamente igual que el primero del grupo, salvo que cuando las manos están totalmente extendidas se trazan dos círculos que se alejan entre sí hasta llegar a un punto a quince centímetros de la caja torácica.
Cuando las manos terminan de trazar los círculos, se recogen los brazos a los lados de la caja torácica bajo las axilas.
Este pase mágico se compone de dos fases. En la primera, se espira mientras uno dibuja los círculos y se aspira cuando se recogen los brazos. Durante la segunda, se aspira cuando los brazos y las manos trazan los círculos y se espira al recoger los brazos.
4. Llevar energía al centro de decisiones con un movimiento circular de los brazos y las manos con las palmas hacia arriba
Este pase mágico es igual al anterior y también presenta las dos fases de aspiración y espiración, pero los brazos y las manos trazan los dos círculos con las palmas de las manos hacia arriba.
5. Llevar energía al centro de decisiones desde la sección media del torso
Se doblan los brazos a la altura de los codos, manteniéndolos alineados con los hombros.
Los dedos apuntan hacia el hueco de la V, pero no lo tocan.
Se balancean los los brazos de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
Este movimiento no se realiza desplazando los hombros o las caderas, sino mediante la contracción de los músculos del estómago, que desplazan la sección media del torso a la derecha, a la izquierda, de nuevo a la derecha y así sucesivamente.
viernes 23 de octubre de 2009
El Silencio Interno

Don Juan definió el silencio interno como un estado peculiar de ser, en que los pensamientos se cancelan y uno puede funcionar a un nivel distinto al de la conciencia cotidiana. Hizo hincapié en que, el silencio interno consistía en suspender el diálogo interno, el compañero perenne del pensamiento y debido a eso, era un estado de profunda quietud.
Los antiguos chamanes, dijo don Juan, le llamaron silencio interno porque es un estado en el cual la percepción no depende de los sentidos. Lo que funciona durante el silencio interno es otra facultad que posee el hombre, una facultad que hace de él un ser mágico, la misma facultad que ha sido restringida, no por el hombre mismo, sino por una influencia extranjera.
¿Cuál es esa influencia extranjera que restringe la facultad mágica del hombre? pregunté.
Ése es tema para una próxima explicación contestó don Juan, no el tema de discusión actual, aunque es, indudablemente, el aspecto más serio de la brujería de los chamanes del México antiguo.
El silencio interno, continuó, es la postura de donde proviene todo en el chamanismo. En otras palabras, todo lo que hacemos conduce a esa postura, que como todo lo demás en el mundo de los chamanes no se revela hasta que algo gigantesco nos sacude.
Don Juan dijo que los chamanes del México antiguo concibieron interminables modos de sacudirse a ellos mismos, o a otros practicantes del chamanismo, hasta los cimientos para llegar a ese estado codiciado del silencio interno. Consideraban los actos más estrafalarios, que parecen estar de lo más aislados de la búsqueda del silencio interno, como el saltar a una caída de agua, o pasar la noche colgado cabeza abajo de una rama de un árbol, como factores claves que lo hacían aparecer.
Siguiendo los racionalismos de los chamanes del México antiguo, don Juan declaró categóricamente que el silencio interno se amontonaba, se acumulaba. En mi caso, luchaba para guiarme a construir un núcleo de silencio interno dentro de mí, y luego añadir a él, segundo a segundo, cada vez que lo practicara. Me explicó que los chamanes del México antiguo descubrieron que cada individuo tenía un umbral diferente de silencio interno en cuanto a tiempo, es decir, que el silencio interno debe ser mantenido por cada uno de nosotros durante el período de tiempo de nuestro umbral específico antes de que funcione.
Escrito por Carlos Castaneda
jueves 22 de octubre de 2009
Compartimentos del Nagual
Al ojo del vidente, un hombre nagual o una mujer nagual aparece como un huevo luminoso con cuatro divisiones. A diferencia del ser humano ordinario, que sólo tiene dos lados, uno derecho y uno izquierdo, el nagual tiene el lado izquierdo dividido en dos secciones longitudinales, y un lado derecho igualmente dividido en dos.
El Águila creó el primer hombre nagual y la primera mujer nagual como videntes y de inmediato los puso en el mundo para que vieran.
Les proporcionó cuatro guerreras acechadoras, tres guerreros y un propio, a quienes ellos tendrían que mantener, engrandecer y conducir a la libertad.
Las guerreras son llamadas las cuatro direcciones, las cuatro esquinas de un cuadrado, los cuatro humores, los cuatro vientos, las cuatro distintas personalidades femeninas que existen en la raza humana.
- La primera es el Este. Se le llama orden. Es optimista, de corazón liviano, suave, persistente como una brisa constante.
- La segunda es el Norte. Es llamada fuerza. Tiene muchos recursos, es brusca, directa, tenaz como el viento duro.
- La tercera es el Oeste. Se le llama sentimiento. Es introspectiva, llena de remordimientos, astuta, taimada, como una ráfaga de viento frío.
- La cuarta es el Sur. Se le llama crecimiento. Nutre, es bullanguera, tímida, animada como el viento caliente.
Los tres guerreros y el propio representan los cuatro tipos de actividad y temperamentos masculinos.
- El primer tipo es el hombre que conoce, el erudito; un hombre confiable, noble, sereno, enteramente dedicado a llevar a cabo su tarea, cualquiera que ésta fuera.
- El segundo tipo es el hombre de acción, sumamente volátil, un gran compañero, voluble y lleno de humor.
- El tercer tipo es el organizador, el socio anónimo, el hombre misterioso, desconocido. Nada puede decirse de él porque no deja que nada de él se escape.
- El propio es el cuarto tipo. Es el asistente, un hombre sombrío y taciturno que logra mucho si se le dirige adecuadamente pero que no puede actuar por sí mismo.




























