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Tradicion Tolteca
La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.
Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.
La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.
Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.
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miércoles, 21 de octubre de 2009
Rasgos Especificos del Cuerpo Luminoso
Con el fin de hacer las cosas más fáciles, el Águila mostró al hombre nagual y a la mujer nagual que cada uno de los tipos entre los hombres y las mujeres de la tierra tienen rasgos específicos en su cuerpo luminoso.
- El erudito tiene una especie de hendidura superficial, una brillante depresión en el plexo solar. En algunos hombres aparece como un estanque de intensa luminosidad, a veces tersa y reluciente como un espejo que no refleja.
- El hombre de acción tiene unas fibras que emanan del área de la voluntad. El número de fibras varía de una a cinco, y su grosor fluctúa desde un cordel hasta un macizo tentáculo parecido a un látigo de más de dos metros. Algunos hombres tienen hasta tres de estas fibras desarrolladas al punto de ser tentáculos.
- Al socio anónimo no se le reconoce por ningún rasgo exclusivo sino por su habilidad de crear, muy involuntariamente, un estallido de poder que bloquea con efectividad la atención de los videntes. Cuando están en presencia de este tipo de hombre, los videntes se descubren inmersos en detalles externos en vez de ver.
- El asistente no tiene configuración obvia. Ante el vidente aparece como un brillo diáfano en un cascarón de luminosidad sin imperfecciones.
Categorías de la Personalidad
En el Dominio Femenino:
- Se reconoce al Este por las casi imperceptibles manchas de su luminosidad, que son como pequeñas zonas de desolación.
- El Norte tiene una radiación que abarca todo, exuda un destello rojizo, casi como calor.
- El Oeste tiene una tenue membrana que la envuelve, que la hace verse más oscura que las otras.
- El Sur tiene un destello intermitente, brilla durante un momento y después se opaca, para brillar de nuevo.
El Viento de las Mujeres
El hombre nagual y la mujer nagual tienen dos movimientos distintos en sus cuerpos luminosos; sus lados derechos ondean, mientras los izquierdos giran.
En términos de personalidad, el hombre nagual es un proveedor, estable, incambiable.
La mujer nagual es un ser en guerra pero aún así es un ser calmado, por siempre consciente pero sin ningún esfuerzo.
Cada uno de ellos refleja los cuatro tipos de su sexo en cuatro maneras de comportamiento.
martes, 20 de octubre de 2009
La Regla del Nagual II
El nagual es un ser doble ha quien se ha revelado la regla. Ya tenga forma de ser humano, de animal, de planta o de cualquier cosa viviente, el nagual, por virtud de su doblez, está forzado a buscar ese pasaje oculto.
El nagual aparece en pares, masculino y femenino.
Un hombre doble y una mujer doble se convierten en el nagual sólo después que la regla les ha sido revelada a cada uno de ellos, y cada uno de ellos la ha comprendido y la ha aceptado en su totalidad.
Al ojo del vidente, un hombre nagual o una mujer nagual aparece como un huevo luminoso con cuatro compartimentos.
A diferencia del ser humano ordinario, que sólo tiene dos lados, uno derecho y uno izquierdo, el nagual tiene el lado izquierdo dividido en dos secciones longitudinales, y un lado derecho igualmente dividido en dos.
El Águila creó el primer hombre nagual y la primera mujer nagual como videntes y de inmediato los puso en el mundo para que vieran.
Les proporcionó cuatro guerreras acechadoras, tres guerreros y un propio, a quienes ellos tendrían que mantener, engrandecer y conducir a la libertad.
miércoles, 7 de octubre de 2009
El Punto de Encaje
El acto más significativo del chamanismo es "ver" la esencia del Universo. Los chamanes de la antigüedad, los primeros en "verla", la describieron de la mejor manera posible. Dijeron que se asemeja a hilos incandescentes que se extienden en el infinito, en todas las direcciones concebibles; filamentos luminosos que están conscientes de sí mismos, en formas imposibles de comprender.
De "ver" la esencia del universo, los chamanes de la antigüedad pasaron a "ver" la esencia de los seres humanos y la describieron como una configuración blanquecina y brillante, parecida a un huevo gigantesco. Y por eso llamaron a esa configuración el huevo luminoso.
Cuando los chamanes "ven" seres humanos, ellos "ven" una gigantesca forma luminosa que flota, y que al moverse va haciendo un profundo surco en la energía de la Tierra; como si tuvieran una profunda raíz que van arrastrándola.
Nuestra forma energética va cambiando a medida que pasa el tiempo. En la antigüedad los chamanes "veían" a los seres humanos como bolas e incluso como lápidas sepulcrales, pero en la actualidad, debido a razones desconocidas, los chamanes "ven" a los seres humanos como huevos luminosos.
El hallazgo fundamental de los chamanes antiguos fue el descubrimiento de una característica crucial de los seres humanos como huevos luminosos: un punto redondo de intensa luminosidad, del tamaño de una pelota de tenis, alojado permanentemente dentro del huevo luminoso, al ras de su superficie, aproximadamente sesenta centímetros detrás de la cresta del omóplato derecho.
La bola luminosa es mucho más grande que el cuerpo humano y el punto de intensa brillantez es parte de ésta bola de energía; y está colocado en un lugar a la altura del omóplato derecho, a un brazo de distancia de la espalda de la persona. Después de "ver" lo que este punto hace, los chamanes antiguos lo llamaron el punto de encaje.
El punto de encaje nos hace percibir. Los chamanes de la antigüedad "vieron" que en los seres humanos ése es el punto donde la percepción tiene lugar.
"Viendo" que todos los seres vivientes tienen tal punto de brillantez, los chamanes de la antigüedad llegaron a la conclusión de que la percepción tiene lugar en ese punto.
Para llegar a esa conclusión, los chamanes antiguos, "vieron" que de los millones de filamentos de energía del Universo que pasan a través de la bola luminosa, sólo un pequeño número de éstos pasa directamente por el punto de encaje, como es de esperarse, ya que es pequeño en comparación con la totalidad de la bola.
Después "vieron" que un resplandor esférico, ligeramente más grande que el punto de encaje, siempre lo rodea, y éste resplandor intensifica enormemente la luminosidad de los filamentos que pasan directamente a través del punto de encaje.
Finalmente, "vieron" dos cosas; la primera, que el punto de encaje de los seres humanos se puede desalojar del lugar donde usualmente se localiza. Y la segunda, que cuando el punto de encaje está en su posición habitual, a juzgar por el normal comportamiento de los sujetos observados, la percepción y la conciencia de ser son usuales. Pero cuando el punto de encaje y la esfera de resplandor que lo rodea están en una posición diferente de la habitual, el insólito comportamiento de los sujetos observados es prueba de que su conciencia de ser es diferente y de que están percibiendo de una manera que no les es familiar.
La conclusión que los chamanes de la antigüedad sacaron de todo esto fue que cuanto mayor es el desplazamiento del punto de encaje, más insólito es el consecuente comportamiento, y la consiguiente percepción del mundo y de la conciencia de ser.
martes, 29 de septiembre de 2009
Entrada al Infinito
Nuestro mundo, que creemos ser único y absoluto, es sólo un mundo dentro de un grupo de mundos consecutivos, los cuales están ordenados como las capas de una cebolla.
Aunque hemos sido limitados para percibir únicamente nuestro mundo, efectivamente tenemos la capacidad de entrar en otros, que son tan reales, únicos, absolutos y absorbentes como lo es el nuestro.
Para poder percibir esos otros reinos, no sólo hay que desear percibirlos, sino también poseer la suficiente energía para entrar en ellos. Su existencia es constante e independiente de nuestra conciencia, pero su inaccesibilidad es totalmente una consecuencia de nuestro condicionamiento energético. En otras palabras, simple y llanamente a raíz de ese condicionamiento estamos compelidos a asumir que el mundo de la vida cotidiana es el único mundo posible.
Seguros de que sólo nuestro condicionamiento energético es nuestro impedimento para entrar en esos otros reinos, los brujos de la antigüedad desarrollaron una serie de prácticas designadas a reacondicionar nuestras capacidades energéticas de percepción. Llamaron a esa serie de prácticas, el arte de ensoñar.
El ensueño únicamente puede ser experimentado. Ensoñar no es tener sueños, ni tampoco es soñar despierto, ni desear, ni imaginarse nada. A través del ensueño podemos percibir otros mundos, los cuales podemos ciertamente describir, pero no podemos describir lo que nos hace percibirlos. Sin embargo, podemos sentir cómo el ensueño abre esos otros reinos. Ensoñar parece ser una sensación, un proceso en nuestros cuerpos, una conciencia de ser en nuestras mentes.
Separando la parte social de la percepción, percibiríamos la naturaleza intrínseca de todo. Lo que percibimos es energía, pero como no podemos percibir energía directamente, procesamos nuestra percepción para ajustarla a un molde. Este molde es la parte social de la percepción, y es lo que se tiene que separar para reducir el alcance de lo que se puede percibir y por qué nos hace creer que el molde al cual ajustamos nuestra percepción es todo lo que existe. El hombre para sobrevivir en esta época, tiene que cambiar la base social de su percepción.
La base social de la percepción es la certeza física de que el mundo está compuesto de objetos concretos y todos nosotros estamos involucrados en un serio y feroz esfuerzo en percibir el mundo en términos de objetos.
El mundo es energía. El universo es energía. La base social de la percepción debería ser entonces la certeza física de que todo lo que hay es energía. Deberíamos empeñarnos en un poderoso esfuerzo social a fin de guiarnos a percibir la energía como energía. Tendríamos de este modo ambas alternativas al alcance de nuestras manos.
Al procesar nuestra percepción, para hacerla encajar en un molde social, ésta pierde su poder cuando nos damos cuenta de que hemos aceptado ese molde como herencia de nuestros antecesores, sin tomarnos la molestia de examinarlo.
Percibir un mundo de objetos sólidos, que tuvieran ya sea un valor positivo o negativo, debe haber sido absolutamente indispensable para la sobrevivencia de nuestros antepasados. Después de milenios de percibir de esa manera, sus herederos, nosotros, estamos hoy día forzados a creer que el mundo está compuesto únicamente de objetos.
Primero, este es un mundo de energía, y después, un mundo de objetos. Si no empezamos con la premisa de que es un mundo de energía, nunca seremos capaces de percibir energía directamente y siempre nos detendrá la certeza de la solidez de los objetos.
Nuestra manera de percibir, es la manera que un depredador percibe. Una manera muy eficiente de evaluar y clasificar la comida y el peligro. Pero ésa no es la única manera que somos capaces de percibir. Hay otro modo: El acto de percibir la energía directamente.
Percibir la esencia de todo nos hace comprender, clasificar y describir el mundo, en términos completamente nuevos; en términos mucho más incitantes y sofisticados.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Ensoñar del Guerrero
Soñar implica el cultivo de un poder peculiar sobre los propios sueños, hasta el punto en que las experiencias habidas en ellos y las vividas en las horas de vigilia alcanzan la misma valencia pragmática. Bajo el impacto del soñar, los criterios ordinarios para diferenciar entre sueño y realidad son inoperantes. La primera etapa de la fase preparatoria consiste en un juego mortal que la mente juega consigo misma; en la que cierta parte del ser hace todo lo posible por impedir el cumplimiento de la tarea. Eso puede incluir arrojarte a una pérdida de significado, la melancolía o incluso una depresión suicida.
Cada guerrero tiene su propio modo de soñar. Todos son distintos. Lo único que tenemos en común es que algo en nosotros tiende trampas para obligarnos a abandonar la empresa. El remedio es persistir a pesar de todas las barreras y desilusiones.
Acerca de cómo elegir un tema para soñar, la explicación es que el guerrero elige el tema manteniendo a la fuerza una imagen en la mente mientras para su diálogo interno. En otras palabras, si no es capaz de hablar consigo mismo por un momento, y luego evoca la imagen o pensamiento de lo que quiere soñar, aunque sólo sea por un instante, lo deseado vendrá a él.
El doble empieza en sueños. El doble es un sueño. Es la primera manifestación del hecho de darnos cuenta de que somos seres luminosos.
Los pasos que seguimos para llegar al doble son los mismos para todo el mundo, sobre todo al principio que son confusos e inciertos.
La meta del camino del guerrero es cultivar y mantener el sentido de darse cuenta. El guerrero lo limpia, lo pule y lo mantiene siempre funcionando.
El sueño en el que uno se ve durmiendo es la hora del doble. El doble empieza en los sueños. Uno mismo sueña el doble. Una vez que uno aprende a soñar el doble, se llega a una encrucijada extraña, y en un momento dado uno se da cuenta de que es el doble el que lo sueña a uno mismo. Somos un sueño, que el doble está soñando. Ese es nuestro misterio como seres luminosos.
La diferencia básica entre el hombre común y un guerrero es que un guerrero toma todo como un desafío. Mientras que un hombre ordinario toma todo como bendición o maldición.
Uno no puede criticar a un guerrero por hacer cuanto impecablemente puede. Superar las limitaciones es el camino al poder. No podemos decir que el poder fluiría hacia uno si nuestra vida fuese diferente. Un guerrero no puede sentirse desamparado, ni desconcertado, ni asustado, bajo ninguna circunstancia.
Para un guerrero sólo hay tiempo para su impecabilidad, todo lo demás agota su poder, la impecabilidad lo renueva. La impecabilidad es hacer lo mejor que se pueda en lo que sea.
La clave de la impecabilidad es el sentido de tener o de no tener tiempo. Por regla general cuando uno se siente y actúa como un ser que tiene todo el tiempo del mundo no está siendo impecable; en esos momentos uno debe volverse, mirar alrededor suyo, y entonces se dará cuenta de que sus sentimientos de tener tiempo no tienen sentido. ¡No hay sobrevivientes en esta tierra!
Llegar a la totalidad de uno mismo no es cosa que uno quiera aceptar, o de que uno esté dispuesto a aprender.
¡No hay futuro! El futuro no es más que una forma de hablar. Para un guerrero sólo existe el aquí y el ahora. No hay encrucijada final, ni paso final en ninguna cosa. Y como no hay paso final en nada, no debe haber secreto acerca de nada de lo que es nuestra suerte como seres luminosos.
El poder personal es quién decide quién puede y quién no puede sacar provecho de una revelación.
La experiencia demuestra que son poquísimos los que estarían dispuestos a escuchar; y de los pocos que escuchan, menos aún estarán dispuestos a actuar de acuerdo a lo que han escuchado; y de aquellos que están dispuestos a actuar, menos aún tienen suficiente poder personal para sacar provecho de sus actos.
Las transformaciones y descubrimientos significativos del guerrero siempre se realizan en estados de sobriedad consciente. El poder da de acuerdo a la impecabilidad. La impecabilidad es de verdad el único acto que es libre y, por ello, la verdadera medida del espíritu de un guerrero.
Las tres técnicas que ayudan a "soñar" son romper las rutinas de la vida, la marcha de poder y no-hacer.
El no-hacer es un juego perceptual que consiste en enfocar la atención en partes del mundo comúnmente pasadas por alto, como las sombras de las cosas. No-hacer es, como todo lo demás, una técnica muy importante, pero no es el asunto principal.
Romper las rutinas, el paso de poder y no-hacer son avenidas para aprender nuevas maneras de percibir el mundo; maneras que dan al guerrero un anticipo de posibilidades increíbles de acción. El tener conciencia de que el mundo del "soñar" es independiente y pragmático, se hace posible por el uso de esas tres técnicas.
El “ensueño” es una ayuda práctica que inventaron los chamanes; sabían lo que estaban haciendo y buscaron la utilidad del nagual entrenando a su tonal para que se dejara ir, por un momento, por así decirlo, y luego volviera a agarrarse. "Ensoñar" es la corona del esfuerzo del guerrero. El uso máximo del nagual.
El secreto del doble radica en la burbuja de la percepción. El racimo de sentimientos puede agruparse al instante en cualquier parte. En otras palabras podemos percibir el aquí y el allá.
domingo, 20 de septiembre de 2009
Las Alas de la Percepcion
Sientes que tu ropa se desgarra, que la carne se desprende y finalmente sólo queda la cabeza.
Tienes claramente la sensación de que, al desmembrarse el cuerpo, pierdes el peso superfluo, y así la caída pierde impulso y la velocidad amaina, el descenso ya no es un vértigo, empiezas a oscilar en el aire como una hoja. Luego la cabeza es despojada de su peso y todo cuanto queda de ti es un centímetro cúbico, una pepita, un diminuto residuo como un guijarro.
Todo el sentir se concentra allí; luego la pepita parece reventar y eres un millar de trozos. Sabes, o algo en alguna parte sabe, que tienes conciencia de los mil trozos a la vez. Tú eres la conciencia misma.
Luego, alguna parte de esa conciencia empieza a agitarse; se alza, crece. Adquiere localización, y poco a poco recobras el sentido de los límites, el entendimiento o lo que sea, y de pronto el yo que conoces y te es familiar brota a una espectacular visión de todas las combinaciones imaginables de escenas hermosas; es como si miras miles de imágenes del mundo, de la gente, de las cosas.
Después, las escenas se emborronan. Tienes la sensación de que pasan frente a tus ojos a velocidad creciente, hasta que ya no te es posible examinar ninguna por separado.
Finalmente, es como si presenciaras la organización del mundo rodando frente a tus ojos en una cadena continua sin fin.
Esto es atestiguar lo desconocido, sobre lo que nadie puede hablar.
Debes lanzarte allí una vez más y desplegar las alas de tu percepción y tocar el tonal y el nagual al mismo tiempo, sin la conciencia de oscilar entre uno y otro.
Nuevamente experimentas las sensaciones de ser arrojado, girar, y caer a tremenda velocidad.
Luego estallas. Te desintegras. Algo cede en ti; suelta algo que has retenido durante toda tu vida.
Te das cuenta entonces de que tu reserva secreta ha sido perforada y se vierte sin restricciones. Ya no hay la dulce unidad que llamamos yo. No hay nada y sin embargo esa nada está llena. No es luz ni oscuridad, calor ni frío, agradable ni desagradable.
No te mueves ni flotas ni estás estacionario; tampoco eres una unidad, un tu mismo, como estás acostumbrado a serlo.
Eres una miríada de ti mismo y todos son yo, una colonia de unidades independientes que tienen una alianza especial entre sí e inevitablemente se unen para integrar una sola conciencia, tu conciencia humana.
No es que sepas sin duda alguna, porque no hay nada con lo que has podido saber, pero todos tus yo mismos saben que el yo de tu mundo familiar es una colonia, un conglomerado de sentimientos separados e independientes que poseen una inflexible solidaridad mutua.
La solidaridad inflexible de tus incontables conciencias, la alianza mutua de esas partes, es tu fuerza vital.
Una manera de describir esa sensación unificada sería decir que las pepitas de la conciencia se hallan dispersas; cada una posee conciencia de sí y ninguna predomina más que otra. Entonces algo las agita, y se reúnen para emerger en una zona donde todas tienen que juntarse en un bloque, el yo que conoces.
Luego, tú, como tu mismo, presencias una escena coherente de actividad mundana, o una escena referente a otros mundos y que parece pura imaginación, o una escena que pertenece al pensamiento puro; es decir, visiones de sistemas intelectuales, o de ideas concatenadas como verbalizaciones. En algunas escenas, hablas contigo hasta saciarte.
Después de cada una de esas visiones coherentes, el yo se desintegra y vuelve a no ser nada.
Lo impronunciable es en verdad impronunciable.
Ninguna descripción es apropiada para expresar tu sentir en ese momento. No eres sólido. Tienen que asirte y mantenerte a la fuerza sobre el suelo; de otro modo flotas en el aire hasta desaparecer.
No tienes miedo de desvanecerte. Añoras lo desconocido donde tu conciencia no está unificada.
Hay que llevarte despacio y hacer presión sobre los hombros; hacerte acostar y cubrirte con tierra que previamente ha sido preparada. Hay que cubrirte hasta el cuello. Con hojas hay que hacer una especie de almohada para la cabeza y no te puedes ni mover ni quedarte dormido. Después el maestro ha de sentarse allí para hacerte compañía hasta que la tierra ha vuelto ha consolidar tu forma.
Te sientes muy cómodo y tienes un deseo casi invencible de dormir, pero no se te puede permitir. Debes hablar de cualquier cosa bajo el sol, excepto de lo que acabas de experimentar.
No hay modo de llegar a la explicación de los guerreros a menos que uno haya usado voluntariamente el nagual, o mejor dicho, a menos que uno haya usado voluntariamente el tonal para dar sentido a las propias acciones que uno ejecuta en el nagual. Otra manera de aclarar todo esto es decir que la visión del tonal debe prevalecer si uno quiere usar el nagual como lo usan los guerreros.
El orden de nuestra percepción es el dominio exclusivo del tonal; sólo allí pueden nuestras acciones tener continuidad; son como escaleras en las que uno puede contar los peldaños.
No hay nada por el estilo en el nagual. Por ello, la visión del tonal es una herramienta, y como tal no es sólo la mejor herramienta, sino la única que tenemos.
El nagual es lo impronunciable. Todos los sentimientos y todos los seres, y todos los uno mismos que son posibles flotan en él para siempre, como barcas apacibles y constantes.
Entonces la goma de la vida pega a algunos de ellos. Cuando la goma de la vida pega a esos sentimientos se crea un ser, un ser que pierde el sentido de su verdadera naturaleza y se ciega con el brillo y el clamor del área donde están los seres: el tonal.
El tonal es donde existe toda la organización unificada. Un ser entra en el tonal una vez que la fuerza de la vida ha unido los sentimientos que se necesiten.
El tonal empieza al nacer y termina al morir; apenas la fuerza de la vida deja el cuerpo, todos esos pedazos aislados o que forman el racimo se desintegran y regresan al sitio de donde vinieron: el nagual.
Lo que un guerrero hace al viajar a lo desconocido se parece mucho a la muerte, excepto que su racimo de sentimientos aislados no se desintegra, sino que se expande un poco sin perder la unión. En la muerte, sin embargo, todos se hunden en lo profundo y se mueven por su propia cuenta, como si nunca hubieran sido una unidad.
No hay manera de referirse a lo desconocido, uno sólo puede presenciarlo. Cada uno de nosotros tiene un centro desde el cual podemos presenciar el nagual: la voluntad. Así, un guerrero puede aventurarse en el nagual y dejar que su racimo se organice y se reorganice en todas las formas posibles.
La expresión del nagual es un asunto personal. Eso quiere decir que depende del guerrero mismo dirigir la organización y reorganización de este racimo.
La forma humana o el sentimiento humano es el arreglo original; capaz, para nosotros, la más dulce de todas las formas; sin embargo, hay un número infinito de formas alternas que el racimo puede adoptar.
Un guerrero puede adoptar la forma que quiera. Esto es cierto. Un guerrero que esté en posesión de la totalidad de sí mismo puede dirigir las partes de su racimo para que se unan en cualquier forma concebible.
La fuerza de la vida es la que hace posible este barajeo, pero una vez que la fuerza de la vida se agota, no hay modo de reintegrar el racimo.
Ese racimo es la burbuja de la percepción y está sellado, cerrado fuertemente y jamás se abre hasta el momento en que morimos. Sin embargo, puede hacérsela abrir.
Los guerreros han aprendido el secreto, y aunque no todos llegan a la totalidad de sí mismos, conocen la posibilidad de llegar a eso.
La burbuja sólo se abre cuando uno se sumerge en el nagual.
El secreto del doble radica en la burbuja de la percepción. El racimo de sentimientos puede agruparse al instante en cualquier parte. En otras palabras podemos percibir el aquí y el allí.
La razón no puede luchar contra el conocimiento físico de que somos un racimo de sentimientos sin nombre. La razón tal vez admita que hay otro punto de ensamble, la voluntad, a través de la cual es posible juzgar, calcular y utilizar los extraordinarios efectos del nagual. Por fin la razón se ha enterado de que podemos reflejar al nagual a través de la voluntad, aunque nunca podamos explicarlo.
La convicción de que hay un yo real es el resultado del hecho de haber reunido todo cuanto tenemos en torno a la razón. En ese momento la razón admite que el nagual es lo indescriptible, no porque la evidencia lo convenza, sino porque es más seguro admitir eso. La razón está en terreno seguro, todos los elementos del tonal están de su lado.
Hacer que la razón se sienta segura es siempre la tarea del maestro. El maestro debe jugarle un truco a la razón del aprendiz y hacerla creer que el tonal es explicable y previsible. La prueba de que el truco tiene éxito viene del momento en que al aprendiz le parece que, pese a todo cuanto haya atravesado, hay todavía un núcleo que puede reclamar como propio, la razón.
Esto es un espejismo. La preciosa razón no es más que un punto de ensamble, un espejo que refleja lo que está fuera de ella.
No sólo es indescriptible el nagual sino que también es indescriptible el tonal.
La razón no hace sino reflejar un orden externo, y la razón no sabe nada de ese orden; no puede explicarlo, como tampoco puede explicar el nagual.
La razón sólo puede atestiguar los efectos del tonal, pero jamás podrá comprenderlo o deshilvanarlo.
El hecho mismo de que pensemos y hablemos indica que hay un orden que seguimos sin ni siquiera saber cómo lo hacemos, o qué es ese orden.
Los guerreros pueden atestiguar por medio de la voluntad los efectos del nagual.
Por medio de la razón, sin importar lo que hagamos con ella o como lo hagamos, estamos simplemente atestiguando los efectos del tonal. En ambos casos no hay esperanza, nunca, de entender o de explicar qué es lo que estamos atestiguando.
Un guerrero puede volar con las alas de su percepción para tocar otras sensibilidades: la de un cuervo, por ejemplo, la de un coyote, un grillo o el orden de otros mundos en este espacio infinito.
Las alas de la percepción pueden llevarnos a los más recónditos confines del nagual o a los mundos inconcebibles del tonal.
La última parte es mostrar los dos últimos puntos que integran la totalidad del hombre: el nagual y el tonal.
Esos dos puntos están fuera de uno mismo y a la vez no lo están. Esa es la paradoja de los seres luminosos. El tonal de cada uno de nosotros es sólo un reflejo de ese indescriptible desconocido lleno de orden: el gran tonal. El nagual de cada uno de nosotros es sólo un reflejo de ese indescriptible vacío que lo contiene todo: el gran nagual.
Ahora no tenemos nada más y nada menos que la fuerza de la vida que une ese racimo de sentimientos que somos.
























