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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

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viernes, 24 de enero de 2014

El Acto de Percibir la Energia

Nuestra manera de percibir es la manera en que un predador percibe. Una manera muy eficiente para evaluar y clasificar la comida y el peligro. Pero esa no es la única manera que somos capaces de percibir. Hay otro modo: el acto de percibir la energía directamente.
Percibir la energía directamente nos permite comprender, clasificar y describir el mundo en términos completamente nuevos, más sofisticados y más excitantes.
Uno de los actos más significativos de percibir energía es “ver” la esencia del universo. La esencia del universo, según los chamanes de la antigüedad, los primeros en verla, la describieron como hilos incandescentes que se extienden en el infinito en todas las direcciones concebibles. Además, esos filamentos luminosos son conscientes de sí mismos, en formas imposibles de comprender.
De “ver” la esencia del universo, lo siguiente es “ver” la esencia de los seres humanos. La esencia de los seres humanos se asemeja a una gigantesca configuración blanquecina y brillante parecida a una esfera en forma de huevo que flota y, al moverse, va haciendo un profundo surco en la energía de la Tierra; como si tuviera una profunda raíz que va arrastrándola.
El hallazgo decisivo del acto de ”ver” la esencia de los seres humanos consiste en un punto redondo de intensa luminosidad, del tamaño de una pelota de tenis, alojado permanentemente dentro de la esfera luminosa, al ras de su superficie, aproximadamente a sesenta centímetros detrás de la cresta del omóplato derecho. Después de “ver” este punto, los chamanes de la antigüedad le llamaron el punto de encaje.
En este punto es donde la percepción tiene lugar. Los chamanes de la antigüedad llegaron a esta conclusión al “ver” que de los millones de filamentos de energía del universo que pasan a través de la esfera luminosa de los seres humanos, solo un pequeño número de éstos pasan directamente por el punto de encaje y el resplandor esférico que rodea el punto de encaje intensifica enormemente la luminosidad de los filamentos que pasan directamente a través del punto de encaje.
Después de “ver” lo que el punto de encaje y el resplandor que lo rodea parecen hacer, la propuesta es que en los seres humanos, la esfera que rodea al punto de encaje se enfoca en los millones de filamentos energéticos del universo que pasan directamente a través de él; y al hacerlo, automáticamente, junta a esos filamentos unos con otros, creando la percepción estable del mundo.
El punto de encaje y el resplandor que lo rodea son la marca de la vida y de la conciencia, y no hay rastro de ellos en los seres muertos. La conciencia, la vida y la percepción van juntas, y están inextricablemente ligadas al punto de encaje y al resplandor que lo rodea.
“Ver” el punto de encaje es algo que está al alcance de todo el mundo. La dificultad radica en romper la muralla que mantiene fija en nuestra mente la idea de que no podemos hacerlo. Solo necesitamos energía y una vez que la tenemos sucede de por sí. El truco está en abandonar la falsa seguridad del sentido común.

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