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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.

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viernes, 29 de marzo de 2013

El Toque del Espiritu

Siempre amamos u odiamos a quienes son nuestro reflejo.
La conciencia acrecentada es un misterio solo para nuestra razón. En la práctica, es de lo más sencillo que hay. Como siempre somos nosotros quienes complicamos todo al tratar de transformar la inmensidad que nos rodea en algo razonable.
Lo abstracto es el elemento sin el cual no existiría el camino del guerrero, ni guerrero alguno en busca de conocimiento.

Desde el momento que los guerreros son incapaces de sentir compasión por sí mismos, tampoco pueden sentir compasión por nadie. Sin la fuerza impulsora de la lástima por sí mismo, la compasión no tiene sentido.
Para un guerrero todo comienza y termina en sí mismo. Sin embargo, su contacto con lo abstracto lo hace superar sus sentimientos de importancia personal. Así, el yo se convierte en algo abstracto, algo sin egoísmo.

La dificultad para comprender al espíritu es nuestra resistencia a aceptar la idea de que el conocimiento puede existir sin palabras, e incluso sin pensamientos, para explicarlo.
Toda la humanidad se ha alejado de lo abstracto, pero alguna vez debió de haber sido nuestra fuerza sustentadora. Luego sucedió algo que nos apartó de lo abstracto y ahora no podemos regresar a él. Un aprendiz tarda años para estar en condiciones de regresar a lo abstracto; es decir, para saber que el lenguaje y el conocimiento pueden existir independientemente el uno del otro. El conocimiento y el lenguaje son cosas separadas.
No hay manera de hablar del espíritu porque al espíritu solo se lo puede experimentar. Los chamanes tratan de dar una noción de esto al decir que el espíritu no es nada que se pueda ver o sentir, pero que siempre está ahí, vaga e indistintamente encima de nosotros. Algunas veces, hasta llega a tocarnos, sin embargo, la mayor parte del tiempo permanece indiferente.
El espíritu es una especie de animal salvaje que mantiene su distancia con respecto a nosotros hasta el momento en que algo lo tienta a avanzar. Es entonces cuando se manifiesta.
Lo abstracto es algo que no tiene paralelo en la condición humana. Para un guerrero, el espíritu es lo abstracto, porque para conocerlo no necesita de palabras, ni siquiera de pensamientos; es lo abstracto, porque un guerrero no puede concebir qué es el espíritu. Sin embargo, sin tener la más mínima oportunidad o deseo de entenderlo, el guerrero lo maneja; lo reconoce, lo llama, lo incita, se familiariza con él, y lo expresa en sus actos.

Un aprendiz es alguien que se esfuerza por limpiar y revivir su vínculo con el espíritu. Una vez que ese vínculo revive, no puede continuar siendo un aprendiz; pero hasta ese día, necesita de un propósito indomable, un “intento inflexible”, del cual carece, por supuesto. Por esa razón, el aprendiz permite que el nagual le proporcione tal propósito y, para hacerlo, tiene que renunciar a su individualidad. Esa es la parte difícil.
No se reciben bien a los voluntarios en el camino del guerrero, porque ya tienen propósitos propios y eso les dificulta enormemente renunciar a su individualidad. Si el mundo de los chamanes exige ideas y actos contrarios a esos propósitos, los voluntarios simplemente se enfadan y se marchan.
Revivir el vínculo de un aprendiz es un verdadero logro para un nagual. Dependiendo, por supuesto, de la personalidad del aprendiz, la tarea puede ser lo más simple que hay, o uno de los peores dolores de cabeza que uno puede imaginar.

Desde el punto de vista del espíritu, el camino del guerrero consiste en limpiar el vínculo que tenemos con él. El edificio que el espíritu empuja delante de nosotros es, en esencia, como una oficina de franquicia, en la cual encontramos no tanto los procedimientos para franquear nuestro vínculo con el “intento” como el conocimiento silencioso que nos permite ganar licencia. Sin ese conocimiento silencioso no habría ningún procedimiento que funcionara.

Cada uno de nosotros, como individuos, estamos separados del conocimiento silencioso por barreras naturales, propias de cada individuo. Nosotros como hombres comunes y corrientes, no sabemos que algo real y funcional, nuestro vínculo con el “intento”, es lo que nos produce nuestra preocupación ancestral acerca de nuestro destino. Durante nuestra vida activa, nunca tenemos la oportunidad de ir más allá del nivel de la mera preocupación, ya que desde tiempos inmemoriales, el arrullo de la vida cotidiana nos adormece. No es sino hasta el momento de estar al borde de la muerte que nuestra preocupación ancestral acerca de nuestro destino cobra un cariz diferente. Comienza a presionarnos para que veamos a través de la niebla de la vida diaria. Pero por desgracia, ese despertar siempre viene de la mano con la pérdida de energía provocada por la vejez. Y no nos queda fuerza suficiente para transformar nuestra preocupación en un descubrimiento positivo y pragmático. A esas alturas, todo lo que nos queda es una angustia indefinida y penetrante; un anhelo de algo incomprensible; y una rabia comprensible, por haber perdido todo.

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