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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

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jueves, 28 de mayo de 2015

Acechando la Importancia Personal

Nos acechamos a nosotros mismos no desde el punto de vista de lo que somos, sino de lo que podemos llegar a ser; de modo que cuando hemos observado ciertas conductas durante un tiempo suficiente, nos ocupamos en cambiarlas. El acecho que se realiza con la suficiente seriedad produce en sí mismo algún cambio, pero todos los resultados de este cambio pueden ser estropeados por la importancia personal. Si se comienza con el acecho sin haber conquistado el falso orgullo, nuestro acecho va a ser boicoteado por esa parte de nosotros mismos que está llena de vanidad y arrogancia, de modo que después de un tiempo uno puede encontrarse en un estado peor que en el que empezó. Ocurre muchas veces que uno se da cuenta del peligro de su importancia personal y si fracasa en sus esfuerzos por erradicarla, ésta se hace más fuerte. Hay que explicar una vez más que el solo deseo de querer erradicar la importancia personal destruye la mayor parte; por ello, es importante aprender a cultivar la actitud correcta desde el principio.

Una actitud correcta es el resultado de actos impecables. Casi toda nuestra importancia personal se basa en la acusación y en la culpabilidad. Si por medio de la disciplina nos damos cuenta de que nosotros somos la causa de todo lo que nos ocurre, nuestra condición hacia la importancia personal comenzará a cambiar. Con el tiempo, esta acción impecable llega a convertirse en un proceso permanente, y entonces la importancia personal deja de mostrar su cara, y apenas, en ocasiones cada vez menos frecuentes. Precisamente por ser permanente este proceso tiene poder sobre la importancia personal y la controla justo desde el primer momento.

Tenemos en nosotros ciertos potenciales que no usamos. Somos muy predecibles pero existen en todos nosotros un atisbo de luminosidad del que podemos asirnos para comenzar a desarrollar nuestra acción impecable. Se puede saber lo que se puede hacer para deshacernos de la importancia personal, porque la posibilidad de hacer algo en lugar de dejar que las cosas ocurran puede aumentarse rápidamente. Uno se puede sentir obligado a hacer algo de una manera establecida; pero, cuando sea necesario, también puede obligarse a no-hacer.

Existe un enorme poder en la atención. El poder está en el hecho de acechar todo lo que somos y hacemos. A este acto de poner atención le llamamos “acecho” y al incorporarlo como parte de nuestro hábito se convierte en una actitud permanente que se desarrollará eternamente.

Cuando uno encuentra en sí mismo una inclinación hacia la manifestación de su importancia personal, no puede hacer nada acerca de ella en ese preciso momento, porque está acostumbrado a ese tipo de reacciones; pero después de algún tiempo de acechar las debilidades de su importancia personal sus reacciones van a cambiar de manera espontánea y natural. Este procedimiento tiene que ser muy bien entendido y este entendimiento tiene que ser bastante profundo. El acecho es un procedimiento que puede aplicarse a muchas cosas diferentes, de hecho hay que aplicarlo a todas las facetas de uno mismo. Ésta es realmente la única cosa que se puede hacer, no se puede hacer nada más. Este es el modo directo de luchar contra la importancia personal, acechándola como a conejos, ya que no hay modo de prevenirlas excepto estando preparado para ella de antemano. Un darse cuenta “de pasada” nos ayudará. Es fundamental darse cuenta de cuánto se pierde por actuar desde la importancia personal, pues hace imposibles muchas cosas deseables y se pierde exactamente aquello que se quiere conseguir.

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