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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.

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miércoles, 8 de julio de 2009

Las Disposiciones del Arte del Acecho

El acecho es un arte aplicable a todo, que contiene cuatro aspectos: no tener compasión, ser astuto, tener paciencia y ser simpático.
Poner en práctica el arte del acecho implica aprender a no tener compasión de nadie y al mismo tiempo ser encantador; a ser astuto pero muy decente; a tener paciencia pero activo y ser muy simpático y al mismo tiempo aniquilador. Ser despiadado, astuto, paciente y simpático es la quintaesencia del arte del acecho.

La enseñanza del acecho es una de las cosas más difíciles de llevar a cabo en el mundo del conocimiento. Para un espectador ajeno a la situación, la conducta de un hombre de conocimiento podría parecer maliciosa, cuando en realidad no es nada menos que impecable.
Los actos maliciosos son llevados a cabo por aquellos que buscan provecho propio. Un guerrero, por otra parte, actúa con un propósito ulterior que no tiene nada que ver con el provecho personal. El hecho de que disfrute con sus actos no tiene nada que ver con el provecho personal, sino que tiene que ver con una característica de su temperamento. El hombre común y corriente actúa sólo si hay alguna oportunidad de beneficiarse. Los guerreros actúan por el espíritu.
En el conocimiento, el acecho es el principio de todo. Primero, un guerrero debe aprender a acechar; después debe aprender a intentar y sólo entonces puede mover su punto de encaje a voluntad.
Los guerreros poseen una regla práctica: cuanto más profundo es el movimiento del punto de encaje, mayor es la sensación de conocerlo todo, así como la sensación de no poder encontrar palabras para explicarlo. Hasta en el mundo cotidiano sucede que algunas veces, el punto de encaje de una persona normal se mueve por sí solo, causando que esa persona se torne evasiva, se confunda y se le enrede la lengua.

El primer principio del acecho es que un guerrero se acecha a sí mismo. Se acecha a sí mismo sin tener compasión, con astucia, paciencia y simpatía.
El acecho puede definirse también como el arte de usar la conducta de un modo original, con propósitos específicos. La conducta normal en el mundo cotidiano es rutinaria. Cualquier conducta que rompe con la rutina causa un efecto desacostumbrado en nuestro ser total. Ese efecto desacostumbrado es acumulativo y la acumulación es lo que hace ser a la persona acechadora.
La conducta desacostumbrada produce un temblor en el punto de encaje; si ésta se practica de manera sistemática e inteligente, a la larga, esta práctica fuerza al punto de encaje a moverse.
El sistema de conducta capaz de combinar moralidad y belleza es el que distingue a los verdaderos guerreros videntes de los simples hechiceros; y ese sistema se llama el arte del acecho.

Cualquiera que logre mover su punto de encaje, a propósito, a una nueva posición es un guerrero de la libertad y un hombre de conocimiento. Para los guerreros el acecho es la base sobre la cual se construye todo lo demás.
El término acecho se le aplicó porque consiste en comportarse de manera clandestina y furtiva.

El estado de conciencia acrecentada es la puerta de entrada al intento. El intento acrecienta la energía.
Para pensar y decir con exactitud lo que uno siente se requieren cantidades increíbles de energía.

El intento es un conocimiento que está ahí a disposición de todos. Está ahí para ser sentido, para ser usado, pero no para ser explicado. Uno puede entrar en él cambiando niveles de conciencia, por lo cual, la conciencia acrecentada es la puerta de entrada. Pero ni, aún siquiera, la puerta de entrada puede ser explicada; sólo puede ser utilizada.
El conocimiento natural del intento está a disposición de cualquiera, pero el dominarlo sólo le corresponde a quienes lo sondean.

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