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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.

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sábado, 20 de octubre de 2012

El Arte del Acecho

Lo mismo que el diálogo interno y la conducta rutinaria mantienen fijo el “punto de encaje”, cualquier conducta inusual realizada de manera continua y sistemática tiende a llevarlo fuera de su posición original.


Lejos de alejarse del entorno social ordinario, un guerrero que practica el arte del acecho se queda en él, en el centro mismo de la acción, y lo utiliza para templar su espíritu, engrandecer su energía y llevarse a sí mismo más allá de los límites de su historia personal.

El acecho, o control sistemático de la propia conducta, permite el movimiento del “punto de encaje” de manera lenta y armoniosa; y así, el enlace con otros mundos se realiza con sobriedad y eficiencia.

El acecho parte de la afirmación de que podemos reinventarnos a nosotros mismos, y que podemos dirigir nuestro mundo personal desde el interior. Permite el establecimiento de un puente desde este lado de la realidad para llegar al “otro yo”.

Entre las técnicas más conocidas del acecho está la recapitulación, cuyo objetivo primario es la total independencia del pasado. Cada vez que en nuestra vida ha ocurrido un choque emocional, hemos quedado unidos para siempre a la emoción que la otra persona (sea padre, madre, amante, amigo, jefe, cura, etc…) proyectó en nosotros, lo mismo que la otra persona ha quedado unido o “pegado” a la nuestra. De esta manera no vivimos nuestras vidas sino la de mamá o papá, quedando atados inconscientemente hasta que seamos capaces de liberarnos de esa energía que deforma nuestros cuerpos sutiles.

La recapitulación es un trabajo sobre los sentimientos, y es el cuerpo el que tiene que “recordar”, liberando sentimientos olvidados y almacenados a lo largo de toda nuestra vida. El apego al pasado es la base del ego que nos hace justificar el comportamiento de cada día. El pasado está presente y sigue vigente en este momento, determinando todo cuanto somos y hacemos, y nuestra manera de pensar, lo que nos es fácil y difícil, los puntos fuertes y las debilidades, el modo de vestir, el de amar y lo que somos…

Si en una vida ha existido abundante intercambio emocional, se pierde mucha energía, quedando partes completas de nosotros mismos fijadas en el pasado y creando agujeros en la esfera luminosa de nuestro ser, por lo que seguiremos perdiendo equilibrio y poder. Los filamentos de luminosidad ajenos son la base estructural para sentirnos importantes.

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