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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.

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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Desmontando la Trama del Volador

Ya hemos visto en otras ocasiones la idea del volador, como esa energía, ese ser sin organismo que nos tiene esclavizados bajo el yugo del miedo, la culpa, el rencor, la ira, el odio, y que nos ha dado su mente haciéndonos creer que es nuestra mente racionalista, materialista y egoísta que nos hace vernos y sentirnos separados de todo cuanto nos rodea.

Los chamanes del antiguo México, los primeros en darse cuenta de la existencia de estos seres, les llamaron “voladores”, por su forma y comportamiento. En este nuevo artículo vamos a profundizar un poco más en esta idea y vamos a intentar entender y desenmascarar este ser que nos usa y nos utiliza como su alimento particular de luminosidad, pues es de nuestra luminosidad de lo que el volador viene alimentándose.
El volador lo penetra todo. Su hechizo hace que la vida parezca gris y triste. Nos engaña hasta el punto de hacernos pensar que existimos sin otro propósito que la mera supervivencia. Nos condena a la vejez, a la enfermedad y a la muerte.

La esperanza que les queda a los seres humanos es ese destello de maravilla, igual que un relámpago de verano que ilumina el cielo durante la noche, como un escalofrío que recorre la espina dorsal y que es el contacto con el intento. Así lo llamamos. El hechizo que se cierne sobre nosotros ha hecho muy bien su labor, pero no es lo bastante fuerte para convencernos de que estamos condenados.

Ahora sabemos que las interferencias hacen que las cosas cambien y nosotros podemos perturbar la rueda del tiempo. Dicho de otra manera, podemos ordenar los hechos para que la historia de siempre no vuelva a repetirse. Sabemos que podemos sentirnos perdidos, pero es así como se siente uno siempre cuando se encuentra con algo desconocido. Lo peor que se le puede augurar a alguien es que siga con la misma vida que lleva.

La humanidad entera vive bajo una especie de hechizo desarrollado por el volador. Lo que tenemos que hacer es arrancarnos ese hechizo. Se trata del hechizo del tiempo. Los guerreros auténticos no están ligados a él, puesto que viven en el pasado, en el futuro y en el presente al mismo tiempo.
Tú y yo estamos juntos en esta habitación, pero lo que vivimos es muy diferente. Por consiguiente, como mínimo hay dos versiones de lo que ocurre. No hay nadie que esté únicamente en un lugar. Las líneas rectas y estrechas del tiempo son, en realidad, los hilos de una telaraña que llega a la eternidad. Una versión cualquiera del tiempo es solo una opción, y esa opción puede ser siempre la misma, ya que la telaraña del tiempo es muy extensa, o puede ser diferente, dependiendo de lo que uno quiera.

Hay una parte en nosotros, que es nuestra mente genuina, nuestra mente auténtica; no es la mente que el volador nos ha dado, haciéndonos creer que era nuestra auténtica mente. A esa mente solo se llega a través del silencio interior y los chamanes le llaman el conocimiento silencioso. Esa mente es la que se mantiene al margen, la que no se involucra con los sentimientos del mundo. Es esa parte de nosotros que no participa del drama de la vida que nos han hecho creer como propio. Es la que no acepta la ilusión del tiempo. Pero, ¡qué intensa es esa ilusión!
Toda versión del tiempo es real, pero ninguna es completa… esa es la cuestión y ahí, precisamente, radica nuestra oportunidad. El volador aún no ha visto que sus esquemas estén alterados, debido a que la alteración es insignificante. Pero solo quedan unos pasos más que desandar y toda la trama urdida por el volador se vendrá abajo.

Uno bien podría quedarse mudo, en realidad es lo que ocurre la mayor parte de las veces, que se ve la realidad por vez primera; mundos que van y vienen como motas de polvo en un rayo de sol. Estos son principios del conocimiento silencioso.

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