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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.

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sábado, 27 de julio de 2013

La Fuerza Rodante

Los chamanes describen la forma humana como la fuerza apremiante del alineamiento de las emanaciones, encendidas por el resplandor de la conciencia, en el sitio preciso en el que se encuentra normalmente el “punto de encaje”. Es la fuerza que nos convierte en personas. Así que, ser una persona es ser forzado a afiliarse con esa fuerza de alineamiento y, en consecuencia, a afiliarse con el sitio preciso donde se origina.

Debido a las actividades, en el momento dado, los puntos de encaje de los guerreros se desplazan hacia la izquierda. Es un desplazamiento permanente, que resulta en un excepcional sentido de indiferencia, de control o incluso de abandono. Ese desplazamiento implica un nuevo alineamiento de emanaciones, y es el principio de una serie de cambios mayores. De manera muy apropiada, los chamanes llaman a este cambio inicial perder la forma humana, porque el movimiento inexorable del punto de encaje, que se aleja de su posición original, resulta en la pérdida irreversible de nuestra afiliación a la fuerza que nos hace seres humanos.

Las bolas de fuego, que es como se “ve” la fuerza rodante de las emanaciones del Águila llamada tumbadora por los antiguos chamanes, son de crucial importancia para los seres humanos porque son la expresión de una fuerza que tiene que ver con todos los detalles de la vida y de la muerte.

La fuerza rodante es el medio a través del cual el Águila distribuye vida y conciencia. Pero también es la fuerza que podríamos decir que cobra la renta, haciendo morir a todos los seres vivientes.
La tumbadora es descrita por los chamanes como una línea eterna de anillos iridiscentes o bolas de fuego que ruedan incesantemente sobre los seres humanos. Los seres orgánicos luminosos son golpeados sin tregua por la fuerza rodante, hasta el día en el que los golpes resultan ser demasiado para ellos y los hacen finalmente desplomarse. Los antiguos chamanes “vieron” entonces cómo la fuerza rodante los tumba al pico del Águila para ser devorados. Por esa razón llamaban a esa fuerza la tumbadora.

La fuerza rodante en realidad es hermosa. Los chamanes recomiendan que nos abramos a ella. Los antiguos chamanes también se abrieron a ella, pero por razones y con propósitos guiados sobre todo por la importancia personal y la obsesión.
En cambio, en la actualidad los chamanes hacen amistad con ella. Se familiarizan con esa fuerza al manejarla sin ninguna importancia personal. El resultado es asombroso, en sus consecuencias.

Para abrirse a la fuerza rodante lo único que se necesita es mover el punto de encaje. El peligro es mínimo si la fuerza es “vista” de manera intencional. Pero es extremadamente peligroso si es un movimiento involuntario del punto de encaje que se deba quizás a la fatiga física, el agotamiento emocional, a la enfermedad, o simplemente a una crisis menor, como estar asustado o estar ebrio.

Cuando el punto de encaje se mueve involuntariamente, la fuerza rodante resquebraja la esfera luminosa. El ser humano tiene una abertura debajo del ombligo. En realidad no está debajo del ombligo, sino en la esfera luminosa, a la altura del ombligo. La abertura es más como una hendidura, un defecto natural en la lisa esfera de luz. Es allí donde nos golpea incesantemente la tumbadora y donde se agrieta la esfera de luminosidad.

Si es leve el movimiento del punto de encaje, la rajadura es muy pequeña, la esfera de luz se repara a sí misma rápidamente, y la gente experimenta lo que todos percibimos en alguna ocasión: manchas de color y formas distorsionadas, que siguen ahí aunque tengamos los ojos cerrados.

Si el movimiento es considerable, la rajadura también resulta extensa, y le lleva tiempo a la esfera luminosa repararse, como ocurre en el caso de guerreros que usan plantas de poder de manera intencionada para provocar ese movimiento o personas que usan drogas e inadvertidamente hacen lo mismo. En estos casos los hombres se sientes adormecidos y fríos; se les dificulta hablar o pensar; es como si los hubieran congelado por dentro.

Cuando el punto de encaje se mueve drásticamente debido a los efectos de un trauma o de una enfermedad mortal, la fuerza rodante produce una grieta a todo lo largo de la esfera luminosa; la esfera se desploma, se enrolla sobre sí misma y la persona muere. Somos realmente frágiles. A medida que la tumbadora nos golpea una y otra vez, la muerte entra dentro de nosotros a través de la abertura. La muerte es la fuerza rodante. Cuando encuentra una debilidad en la abertura de un ser luminoso, automáticamente raja la esfera, la abre y hace que se desplome.

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