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Tradicion Tolteca

El Camino del Guerrero Grupos de Práctica

La Tensegridad es un arte: el arte de adaptarse a la propia energía, a la energía de los demás y al entorno que nos rodea de tal manera, que este acto contribuya a la integridad de la totalidad que somos.

Ejecutar los pases mágicos de la Tensegridad individualmente y en grupo es una actividad asidua con el cuerpo, responsable de los numerosos cambios positivos que se producen en la personalidad. Estos cambios van precedidos generalmente de un entendimiento más profundo de uno mismo, tanto en función del pasado como en función del cuerpo.

La Tensegridad tiene como objetivo ayudar al individuo a recuperar las funciones fundamentales de respirar, moverse, sentir y expresarse a sí mismo; promoviendo dinámicamente la salud y su bienestar.

Cuando la Tensegridad se convierte en una parte natural de nuestra vida, quedamos sorprendidos por la gran cantidad adicional de energía que tenemos para realizar nuestras actividades de cada día.

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miércoles, 6 de marzo de 2013

La Pared de Niebla

El examen de la segunda atención debe comenzar con darse cuenta de que la fuerza del primer anillo de poder, que nos encajona, es un lindero físico y concreto. Se ha descrito como una pared de niebla, una barrera que puede ser llevada sistemáticamente a nuestra conciencia por medio del bloqueo del primer anillo de poder; y luego puede ser perforada por medio del entrenamiento del guerrero.

Al perforar la pared de niebla, se entra en un vasto estado intermedio. La tarea de los guerreros consiste en atravesarlo hasta llegar a la siguiente línea divisoria, que se deberá perforar a fin de entrar en lo que propiamente es el otro yo o la segunda atención.

Las dos líneas divisorias son perfectamente discernibles. Cuando los guerreros perforan la pared de niebla, sienten que sus cuerpos se retuercen, o sienten un intenso temblor en la cavidad de sus cuerpos, por lo general a la derecha del estómago o a través de la parte media, de derecha a izquierda. Cuando los guerreros perforan la segunda línea, sienten un agudo crujido en la parte superior del cuerpo, algo como el sonido de una pequeña rama seca que es partida en dos.

Las dos líneas que encajonan a las dos atenciones, y que las sellan individualmente, son conocidas como las líneas paralelas. Éstas sellan las dos atenciones mediante el hecho de que se extienden hasta el infinito, sin permitir jamás el cruce a no ser que se les perfore.

Entre las dos líneas existe un área de conciencia específica a la que se le llama “limbo”. Se trata de un espacio real entre dos enormes órdenes de emanaciones del Águila; emanaciones que se hallan dentro de las posibilidades humanas de conciencia. Uno es el nivel que crea el yo de la vida de todos los días, y el otro es el nivel que crea el otro yo. Como el limbo es una zona transicional, allí los dos campos de emanaciones se extienden el uno sobre el otro. La fracción del nivel que nos es conocido, que se extiende dentro de esa área, engancha una porción del primer anillo de poder; y la capacidad del primer anillo de poder de construir descartes, nos obliga a percibir una serie de descartes en el limbo que son casi como los de la vida cotidiana, salvo que aparecen grotescos, insólitos y contorsionados.

La sensación de pesadez que se experimenta en el limbo se debe a la carga creciente que se ha colocado en la primera atención. En el área que se halla justamente tras la pared de niebla aún podemos comportarnos como lo hacemos normalmente; es como si nos encontráramos en un mundo grotesco pero reconocible. Conforme penetramos más profundamente en él, más allá de la pared de niebla, progresivamente se vuelve más difícil reconocer los rasgos o comportarse en términos del yo conocido.

Es posible hacer que en lugar de la pared de niebla aparezca cualquier otra cosa, pero se ha optado por acentuar lo que consume menor energía; visualizar ese lindero como una pared de niebla no cuesta ningún esfuerzo.

Lo que existe más allá de la segunda línea divisoria es conocido como la segunda atención, o el otro yo, o el mundo paralelo; y el acto de traspasar los dos linderos es conocido como “cruzar las líneas paralelas”.

En el territorio de la vida cotidiana, nos hallamos atrapados y enredados en la predisposición perceptual de la primera atención. A partir del momento en el que el primer anillo de poder empieza a construir descartes, la manera de construirlos se convierte en nuestra predisposición perceptual normal. Romper la fuerza unificadora de la predisposición perceptual de la primera atención implica romper la línea divisoria. La predisposición perceptual normal pasa entonces al área intermedia que se halla entre las líneas paralelas. Ahí se continúa construyendo descartes normales durante algún tiempo; pero conforme uno se aproxima a la segunda línea divisoria, la predisposición perceptual de la primera atención empieza a ceder, pierde fuerza. Esta transición está marcada por una repentina incapacidad de recordar o comprender lo que se está haciendo.

Cuando se alcanza la segunda línea divisoria, la segunda atención empieza a actuar sobre los guerreros que llevan a cabo el viaje. Si éstos son inexpertos, su conciencia se vacía, queda en blanco. Esto ocurre porque se están aproximando a un espectro de las emanaciones del Águila del que aun no tienen una predisposición perceptual sistematizada.

Se empieza a activar el segundo anillo de poder forzando a la segunda atención a despertar de su estupor. El bloqueo funcional del primer anillo de poder logra esto. El primer anillo de poder es puesto en funcionamiento mediante la fuerza del “intento” dado por quienes nos enseñan a descartar. Entonces hay que dar un nuevo “intento” para crear un nuevo medio perceptual.

Toma toda una vida de disciplina incesante, llamado “intento inflexible”, preparar el segundo anillo de poder para que pueda construir descartes del otro nivel de emanaciones del Águila. Dominar la predisposición perceptual del yo paralelo es una hazaña de valor incomparable que pocos guerreros logran.

No se debe intentar dominar deliberadamente a la segunda atención. Si esto ocurre, debe ser mediante un proceso natural que se desenvuelve sin un gran esfuerzo de nuestra parte. La razón de esta indiferencia estriba en la consideración práctica de que al dominarla simplemente se vuelve muy difícil romperla, pues la meta que los guerreros persiguen activamente es romper ambas predisposiciones perceptuales para entrar en la libertad final de la tercera atención.

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